Peinados tirantes y hábitos
cotidianos pueden debilitar el cabello sin que lo notes. Detectarlo a tiempo es
clave para evitar daños permanentes.
Salud en Casa.- La alopecia por tracción es un tipo de caída del cabello causada por la tensión constante sobre el cuero cabelludo, generalmente asociada a peinados muy ajustados. Aunque suele pasar desapercibida en sus primeras etapas, puede generar pérdida capilar progresiva si no se corrige a tiempo.
Este problema afecta principalmente a mujeres, ya que está
relacionado con prácticas estéticas frecuentes como colas altas, trenzas,
extensiones o el uso continuo de ligas muy ajustadas. Con el tiempo, esta
tensión debilita los folículos pilosos y puede provocar zonas con menor
densidad.
“Muchas pacientes no relacionan sus peinados diarios con la
caída del cabello. La alopecia por tracción es silenciosa al inicio, pero si la
tensión se mantiene, puede volverse permanente”, explica el Dr. Yherson
Mendoza, especialista en restauración capilar de Perfection Capilar.
En ese sentido, el
especialista comparte cuatro claves para identificarla y prevenirla:
1. Dolor o tensión después de
peinarte. Si
sientes molestias, ardor o tirantez en el cuero cabelludo tras hacerte una cola
o trenza, es una señal de alerta. Por ejemplo, peinados muy ajustados para el
gimnasio o el trabajo pueden generar este estrés constante sin que lo notes.
2. Cabellos cortos o rotos en la
línea frontal. La aparición de pelitos más cortos o quebrados en la frente o sienes
puede indicar daño por tracción. Esto suele verse en quienes usan con
frecuencia extensiones, baby hairs (cabellos cortos, finos y suaves en
la línea frontal, sienes o nuca) muy jalados o recogidos altos.
3. Menor densidad en zonas
específicas.
Notar menos volumen en áreas como las sienes o detrás de las orejas es otra
señal. Por ejemplo, usar siempre el mismo tipo de peinado puede generar
desgaste localizado y progresivo del cabello.
4. Cambios en la textura o
debilidad del cabello. El cabello puede volverse más fino, frágil o quebradizo en
las zonas afectadas. El uso constante de herramientas de calor o químicos,
sumado a la tracción, puede agravar el problema.
“Lo más importante es modificar los hábitos a tiempo.
Alternar peinados, evitar la tensión constante y acudir a una evaluación
capilar permite frenar el daño y, en muchos casos, recuperar el cabello.
Pequeños cambios en la rutina pueden marcar una gran diferencia para mantenerlo
más fuerte, saludable y con mejor apariencia a largo plazo”, finaliza el Dr.
Mendoza.


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