domingo, 11 de octubre de 2026


Salud e
n
 Casa.- Ir al mercado con el mismo presupuesto y regresar con menos alimentos podría convertirse en una situación cada vez más frecuente para las familias peruanas. El Fenómeno El Niño Costero ya viene afectando la producción y el abastecimiento de determinados productos agrícolas, una situación que comienza a sentirse en los bolsillos de quienes diariamente tienen que decidir qué poner en la mesa.


Según INEI, durante setiembre el tomate aumentó de precio en 28.92 %, la arveja verde en 18.54 % y el choclo en 16.81 % en Lima Metropolitana. También se registraron incrementos en productos como el maracuyá, la palta, la zanahoria y distintas variedades de papa.


El panorama resulta preocupante si se consideran las advertencias de Conveagro, que ha estimado pérdidas agrícolas superiores a los 3000 millones de dólares ante los efectos del fenómeno climático y ha identificado riesgos para cultivos esenciales como arroz, papa, maíz, menestras, cebolla y diversas frutas.


Ante esta situación, Jessica Huamán, nutricionista y coordinadora nacional de la Plataforma por la Seguridad Alimentaria del Perú, advirtió que el incremento de los precios no solo representa un problema económico, sino también un riesgo para la nutrición de las familias, especialmente de aquellas que cuentan con menores ingresos.


"Cuando los alimentos suben de precio, muchas familias no pueden simplemente aumentar su presupuesto. Terminan comprando menos, reduciendo las porciones o reemplazando alimentos nutritivos por otros que les permitan llenar el plato. El problema es que podemos terminar enfrentando una crisis alimentaria silenciosa: familias que siguen comiendo, pero cuya alimentación pierde calidad nutricional", explicó.


¿Qué alimentos podemos reemplazar sin perder su aporte nutricional?





La nutricionista explicó que las familias deben aprender a reconocer los principales nutrientes que aporta cada alimento, ya que no todos los productos que se utilizan de manera similar en la cocina tienen un valor nutricional equivalente.


Si escasean la papa, el arroz o el choclo: estos alimentos aportan principalmente carbohidratos, una fuente importante de energía para el organismo. Por ello, pueden alternarse con camote, yuca, quinua o trigo, dependiendo de sus precios y disponibilidad. Por ejemplo, el camote puede reemplazar a la papa como fuente energética, mientras que el trigo o la quinua cocidos pueden utilizarse en lugar de una porción de arroz. 


Si suben de precio la fresa, el mango o determinadas frutas: es importante identificar qué vitaminas buscamos mantener. La fresa destaca por su vitamina C y puede reemplazarse por la naranja u otras frutas citricas. En cambio, el mango también aporta carotenoides, que pueden obtenerse de alimentos como la zanahoria y el zapallo. 


Si el tomate se vuelve menos accesible: para conservar el aporte de vitamina C pueden emplearse pimientos, o complementar las comidas con frutas cítricas. El tomate también contiene licopeno, un carotenoide presente en alimentos como la sandía.


La especialista advirtió que los efectos de El Niño podrían alcanzar también a la producción avícola, debido a posibles afectaciones del cultivo de maíz amarillo duro, uno de los principales insumos utilizados para alimentar pollos y gallinas ponedoras. De reducirse su disponibilidad o aumentar su costo, podrían generarse presiones sobre los precios del pollo y los huevos, aunque esto también dependerá de las importaciones y del abastecimiento nacional.


Ante este escenario, Huamán recomendó diversificar las fuentes de proteínas y aprovechar las alternativas que se encuentren disponibles a precios accesibles, como determinadas especies de pescado. Sin embargo, precisó que el pescado tampoco estará exento de los efectos de El Niño, por lo que las familias deberán adaptar sus compras de acuerdo con las especies disponibles. 





La anchoveta es una de las especies cuya disponibilidad pesquera podría verse afectada. El ENFEN ha advertido que, ante las temperaturas anómalas del mar, sus cardúmenes tienden a concentrarse cerca del litoral y a mayores profundidades, lo que puede dificultar su captura. Esto no significa que vaya a desaparecer, sino que podrían producirse variaciones en los desembarques y el abastecimiento.


En contraste, ENFEN proyecta disponibilidad de bonito y una mayor presencia cerca de la costa de especies asociadas a aguas cálidas, como perico, melva y atún de aleta amarilla. Sin embargo, su cercanía al litoral no garantiza necesariamente mayores cantidades en los mercados ni menores precios para los consumidores.


En el caso del jurel y la caballa, su disponibilidad también puede variar según las condiciones oceanográficas y pesqueras. Respecto a la pota, las autoridades vienen evaluando su comportamiento frente al calentamiento del mar.


Ante estos cambios, la nutricionista recomendó aprovechar especies como el bonito y el perico cuando se encuentren a precios accesibles, ya que constituyen fuentes de proteínas de alto valor biológico. No obstante, explicó que reemplazar un pescado por otro no siempre significa obtener los mismos nutrientes.


"Si una familia acostumbraba consumir anchoveta y comienza a encontrar bonito o perico a precios accesibles, puede utilizarlos para mantener su aporte de proteínas. Sin embargo, la anchoveta destaca también por su contenido de hierro y omega-3. El perico, por ejemplo, es un pescado mucho más magro, por lo que no aporta la misma cantidad de grasas. Por eso debemos procurar variar las especies que consumimos y aprovechar pescados como el jurel cuando estén disponibles", explicó Huamán.


Frente a la posible reducción del abastecimiento de algunas hortalizas, la especialista también recomendó promover pequeños huertos familiares para complementar el acceso a verduras frescas.


"No necesitamos tener un jardín para producir alimentos. En balcones, terrazas o espacios pequeños podemos instalar macetas o huertos verticales para cultivar acelga, espinaca, cebolla china o hierbas como culantro, perejil y hierbabuena. Tenemos que empezar a normalizar que cultivar una pequeña parte de nuestros alimentos también es posible en la ciudad", señaló Huamán.


Precisó que estos huertos requieren condiciones adecuadas de luz, agua segura y cuidados básicos. Aunque no reemplazan las compras en el mercado, pueden contribuir a diversificar la alimentación. Asimismo, consideró que las municipalidades deberían fomentar los huertos urbanos y comunitarios como parte de sus estrategias de seguridad alimentaria.





Huamán recomendó que las familias eviten realizar compras excesivas o acumular productos por temor al desabastecimiento, ya que estas conductas pueden generar desperdicio y mayores presiones sobre los mercados.


En su lugar, planteó organizar las compras, comparar precios, identificar alimentos con aportes nutricionales semejantes y aprovechar productos secos que puedan conservarse adecuadamente.


Asimismo, recordó que, frente a lluvias e inundaciones, debe prestarse especial atención a la inocuidad alimentaria, evitando consumir productos que hayan estado en contacto con aguas contaminadas y utilizando agua segura para lavar y preparar los alimentos.





Finalmente, la coordinadora nacional de la PSAN advirtió que ninguna recomendación nutricional será suficiente si las familias dejan de encontrar alimentos en los mercados o si sus ingresos no les permiten adquirirlos.


En ese sentido, hizo un llamado al Gobierno nacional, los gobiernos regionales y las municipalidades para que anticipen los riesgos de abastecimiento, protejan las campañas agrícolas, monitoreen los precios y la disponibilidad de alimentos y fortalezcan las cadenas de distribución. Asimismo, señaló la importancia de coordinar con el sector pesquero para anticipar posibles variaciones en la oferta de productos hidrobiológicos destinados al consumo humano.


También advirtió que deben adoptarse medidas específicas para proteger el abastecimiento de los programas de alimentación, comedores populares y ollas comunes, cuya capacidad de ofrecer preparaciones nutritivas podría verse comprometida frente a una reducción de la oferta agrícola y pesquera.


"Podemos recomendarle a una madre que reemplace un alimento por otro, pero ¿qué hacemos si ambos escasean o si ninguno está al alcance de su bolsillo? Ahí es donde tiene que intervenir el Estado. La prevención frente a El Niño no puede limitarse a limpiar quebradas o prepararnos para las inundaciones. También tiene que garantizar que las familias tengan qué comer y que esa alimentación sea nutritiva. De lo contrario, estaremos esperando a que la emergencia climática se convierta también en una crisis alimentaria", concluyó.

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