martes, 3 de noviembre de 2026

 Por el Dr. Marco Almerí - Cardiólogo Clínico 



Salud e
n
 Casa.- El fútbol mundial está de luto tras el fallecimiento del delantero español Jesús de Miguel, de 30 años, jugador del CD Tenerife, quien sufrió un violento impacto en el tórax durante un encuentro frente al FC Andorra, luego de chocar con el arquero Jesús Owono, en una disputa por el balón.


El futbolista sufrió una parada cardiorrespiratoria en el campo y recibió maniobras de reanimación. Posteriormente recuperó el pulso y fue trasladado a una unidad de cuidados intensivos. 

Sin embargo, su condición neurológica empeoró y falleció el martes 3 de noviembre.

Desde el punto de vista cardiológico, este episodio plantea dos posibilidades que deben investigarse.

La primera es la conmoción cardíaca o commotio cordis, un fenómeno poco frecuente, pero potencialmente mortal, que ocurre cuando un impacto directo sobre el tórax, desencadena una arritmia grave, generalmente fibrilación ventricular. El corazón puede ser estructuralmente normal, pero pierde súbitamente su capacidad de bombear sangre.


La segunda posibilidad es una contusión miocárdica, es decir, una lesión del músculo, válvulas cardiacas, cuerdas tendíneas, arterias coronarias o músculos papilares del corazón producidos por un traumatismo torácico, que puede ocasionar alteraciones eléctricas, arritmias y complicaciones cardiovasculares posteriores.


Es importante aclarar que todavía no existe una confirmación pública de que alguna de estas dos condiciones haya sido la causa definitiva del fallecimiento. También debe investigarse el posible daño neurológico secundario a la falta de oxígeno durante el paro cardiorrespiratorio.


Este caso nos deja una lección fundamental: ante un paro cardíaco en un campo de fútbol, cada minuto cuenta. La reanimación cardiopulmonar inmediata y el acceso a un desfibrilador externo automático (DEA) pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte.


¿Y QUÉ ESTÁ PASANDO EN EL FÚTBOL PERUANO?

Este dramático acontecimiento debería hacernos reflexionar sobre las condiciones de seguridad médica en nuestros estadios.

En el fútbol peruano observamos con preocupación que, en determinadas competiciones, los árbitros pueden ser demasiado permisivos frente a entradas violentas, choques peligrosos y acciones que ponen en riesgo la integridad física de los futbolistas. El fútbol es un deporte de contacto, pero eso no significa que debamos normalizar la violencia o el juego temerario.

También debemos revisar seriamente nuestros protocolos de atención de emergencias.

Tener una ambulancia en un estadio no significa necesariamente estar preparados para salvar una vida. Es indispensable que exista un desfibrilador externo automático portátil, disponible inmediatamente en el campo de juego, y que el personal médico y de emergencia esté debidamente entrenado para utilizarlo.

Un desfibrilador instalado en un ambiente distante, empotrado o de difícil acceso no garantiza una respuesta oportuna. Lo fundamental es que el equipo pueda llegar al lugar del incidente en pocos minutos.

Además, no basta con comprar equipos. Hay que capacitar al personal, realizar simulacros periódicos de reanimación cardiopulmonar, establecer rutas de evacuación y coordinar previamente con los hospitales de referencia.


¿QUÉ DEBERÍAMOS IMPLEMENTAR EN EL PERÚ?

Propongo cinco medidas concretas:

1. Desfibriladores externos automáticos portátiles: todos los estadios profesionales deben contar con DEA accesibles y operativos, ubicados estratégicamente y disponibles durante los entrenamientos y partidos.


2. Personal capacitado: médicos, enfermeros, paramédicos y personal de emergencia deben recibir entrenamiento periódico en RCP y desfibrilación.


3. Simulacros obligatorios: realizar ejercicios de respuesta ante un paro cardíaco, traumatismo torácico grave y pérdida de conciencia durante un encuentro deportivo.


4. Protocolos médicos de emergencia: establecer tiempos de respuesta, acceso inmediato al campo, disponibilidad de ambulancias equipadas y coordinación con hospitales que tengan capacidad de atención crítica.


5. Mayor rigurosidad arbitral: sancionar oportunamente las acciones de juego peligroso y proteger la integridad física de los futbolistas. La competitividad nunca puede estar por encima de la vida.


Dr. Marco Almerí

Cardiólogo Clínico

0 comentarios:

Publicar un comentario