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domingo, 4 de junio de 2017

El plástico que viene del mar

No más plásticos que contaminen los oceános. El Instituto Tecnológico de la Producción ha desarrollado un plástico orgánico, hecho de piel de pescado, que puede proteger los alimentos y lo mejor: es comestible.



Por : Oscar Miranda
Suplemento Domingo.- Los océanos son la principal víctima del plástico. Cada año, ocho millones de toneladas de este material llegan al mar. Buena parte de ese plástico es el que se usa para envolver alimentos en los supermercados. El que cubre esa pechuga de pollo que cenaremos por la noche, el que rompemos y luego tiramos a la basura. Ese que tardará cientos de años en desaparecer del planeta.

Los océanos son la víctima, pero de los océanos también proviene la solución. Al menos, una alternativa de solución.
Eso es lo que piensan los investigadores del Instituto Tecnológico de la Producción (ITP), dependiente del Ministerio de la Producción, que desde 2015 vienen desarrollando un proyecto que, si logra ser comercializado a gran escala, podría significar una reducción importante en el volumen de plástico que echamos al mar peruano.
El proyecto se llama Obtención de Polímeros Biodegradables a partir de la piel del pescado y fue presentado el 24 de mayo pasado en el evento “I+D en el Sector Pesquero”, organizado por Cienciactiva del CONCYTEC y la empresa pesquera TASA.
Como su nombre lo indica, consiste en obtener una pequeña película de plástico a partir del procesamiento de la piel del pescado. Esta película se podría usar en la protección de cualquier alimento, no solo pescado, también carne, pollo, frutas y verduras. Lo mejor es que es biodegradable. Después de unos días, es absorbida por el producto naturalmente. Se podría hasta comer. Y no sabe a pescado. Su sabor será el del alimento que envuelve.
Pero lo interesante de este proyecto no es solo que presenta una alternativa al plástico convencional, inorgánico, contaminante. Sino que, además, constituye una revalorización de uno de los subproductos alimenticios que más se desechan en los mercados y terminales pesqueros.

La piel del pescado.

Usos del polímero

La ingeniera pesquera Silvia Pandía es especialista del Área de Revalorización de Subproductos de la Industria del ITP. A ella y sus colegas siempre les llamó la atención cómo en el terminal pesquero de Ventanilla, que queda al lado de la sede del ITP, el espinazo, las aletas, la cola y la piel del pescado terminaban en la basura. O, en el mejor de los casos, eran acopiados para elaborar harina de pescado residual, de baja calidad, sin valor agregado y, además, contaminante.
El primer logro de Pandía y su equipo fue convertir la piel de pescado en una gelatina. Ella dice que esta gelatina es tan buena que podría ser perfectamente comercializada en la industria de la repostería.
Pero no se quedaron allí. El siguiente paso fue convertirla en película. Después de muchas pruebas, encontraron el procedimiento más adecuado para obtener una película de plástico tan fina como resistente. La enriquecieron agregándole orégano, que tiene propiedades antioxidantes y antimicróbicas. De esa manera –explica Pandía– los alimentos durarán muchos más días.
Y esto también es importante. El desarrollo de la industria ha hecho que los consumidores seamos cada vez más exigentes con la calidad de los productos. Cada año, se arrojan millones de toneladas de alimentos a la basura porque tienen manchas o mal aspecto. La ingeniera pesquera piensa que protegiendo mejor y durante más tiempo a los alimentos de la descomposición, se podría reducir el desperdicio.
Por un lado, postres de gelatina. Por el otro, películas protectoras de alimentos. ¿Qué otros usos se le puede dar a este producto? Los especialistas del ITP dicen que la gelatina también se puede usar para mejorar la textura de las carnes, para elaborar cápsulas duras o blandas en la industria farmacéutica y para clarificar jugos y bebidas.
–Lo que hemos hecho es presentar las bases para que algún empresario, alguien con visión, pueda comercializar este producto– dice Pandía.
Este es solo un primer paso. Las investigaciones podrían continuar y encontrar más aplicaciones. Quizás también bolsas de supermercados realmente biodegradables y no como las que hoy se entregan gratuitamente. ¿Por qué no? Los océanos, la principal víctima de la contaminación del plástico, lo agradecerían.

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