domingo, 21 de octubre de 2018

El objetivo de la persona mentirosa es desvirtuar la realidad, añadiendo hechos que no existen para hacerla más creíble.
RPP Noticias.- ¿Hasta qué punto decir mentiras puede convertirse en una enfermedad?, ¿quiénes son las personas que se valen de este mal hábito conductual? Si bien la mayoría de hombres y mujeres han mentido alguna vez en su vida por diversas razones, decirlas repetidamente puede convertirse en una enfermedad conocida como mitomanía.

La mentira no solamente pasa por ver las cosas desde otra perspectiva, o decir algo opuestamente contrario a la realidad con un “no sé”, “yo no lo hice”, significa también simular, intrigar o fingir.

¿Por qué mienten las personas? Hay quienes lo hacen para salir de un apuro, otros para alardear algo que no son o para desacreditar a alguien con sus mentiras. También para ocultar una verdad que podría ocasionar reacciones de castigo, críticas o reprimendas; y por miedo a ello solo fortalecen su inseguridad y baja autoestima.

Aquellas mentirillas que en un inicio pueden parecer “inocentes”, “blancas” o piadosas”, son mentiras al fin y al cabo, y el hecho de que se digan con frecuencia o como parte de un cálculo deliberado, indican que algo serio está ocurriendo con esa persona. 

La elucubración permanente de historias falsas, haciéndolas pasar como verdaderas, y creyéndolas como tal, pueden ser el inicio de una enfermedad psicológica o patológica. El misógino, que basa su modo de vida en las mentiras, puede generar serias consecuencias en su familia y en su entorno social.

Precisamente el objetivo de la persona mentirosa es desvirtuar la realidad, añadiendo hechos que no existen, y que cada vez requiere incrementar una falsedad para hacerla más creíble.

Muchos hogares se han visto desmembrados al ser descubiertas las mentiras de la pareja. Una prueba de ello son los casos de infidelidad, cuando el hombre o la mujer oculta que sostiene una relación paralela a la de su hogar. Este mal hábito puede ser contagioso, en el sentido que los hijos o hijas podrían copiar más adelante ese modo de vida que ven en sus padres o madres.

Esta patología se da en diversos escenarios: el alumno que miente porque no hizo la tarea; el empleado que inventa una historia en su centro laboral para faltar; aquella persona que busca impresionar con algo que no tiene o no es; aquel que intenta desprestigiar a un tercero para hacerle quedar mal; el que hurta dinero a escondidas y culpa a otra, entre muchas formas más.



Las causas para que alguien mienta deben buscarse en la historia personal de cada persona, que puede haberla adquirido a partir de un modelo de conducta familiar, algún trauma de infancia, baja autoestima o algún complejo de inferioridad.

Hoy en día la mitomanía como enfermedad ya está reconocida, y existen diversos tratamientos para ello, aunque no tan fáciles, porque la persona que miente pensará que esa es la realidad y la sostendrá siempre. 

Es importante que antes de decir algo, juzgar a alguien o suponer un hecho, se investigue bien para no caer en la mentira y con ello evitar perjudicar a otra persona.

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