· El Minsa
advierte un aumento de casos de neumonía en menores de cinco años y
más de 200 mil diagnósticos de enfermedades diarreicas en lo que va del año.
Salud en Casa.- Las enfermedades más comunes en los niños menores continúan siendo un desafío para el sistema de salud, principalmente las de tipo respiratorio y digestivo. Hasta octubre de este año, el Ministerio de Salud (Minsa) ha reportado un incremento de casos de asma y neumonía en menores de cinco años, esta última con un incremento de 10,2 % en comparación con el mismo periodo de tiempo en 2024[1]; mientras que, hasta agosto, se registraron más de 200 mil episodios de enfermedades diarreicas agudas en el mismo grupo etario[2]. Este panorama refuerza la importancia de fortalecer las medidas de prevención, el cuidado diario y el acceso a tratamientos adecuados para proteger la salud infantil.
De acuerdo con el Dr. Álvaro Altamirano, asesor médico de Laboratorios
Elifarma, existen distintos factores que ocasionan problemas frecuentes de
salud en los menores. “Los cambios de temperatura entre estaciones, la exposición a virus
en el entorno escolar, e incluso la
falta de acceso a servicios básicos comunes, son factores determinantes para la aparición de estos cuadros que perjudican
el bienestar de los menores”, precisa.
Además, el especialista destaca que muchas de las enfermedades más
frecuentes en la infancia tienen causas prevenibles, pero en ocasiones se
agravan por la falta de atención temprana, afectando el bienestar, el
crecimiento y la calidad de vida de los niños si no se tratan adecuadamente.
“La clave está en la observación de los síntomas y en acudir al especialista
ante cualquier signo de alarma. Usualmente, las señales de alerta son fiebre,
fatiga y dolores musculares, que pueden indicar la presencia de una infección”,
agrega.
Por
ello, el Dr. Altamirano destaca las cuatro principales condiciones de salud más
frecuentes en los niños, con el objetivo de que padres y cuidadores puedan
identificar sus síntomas y acudir oportunamente al médico, garantizando así un
tratamiento adecuado bajo la supervisión de un especialista:
- Problemas estomacales: es común que los niños presenten gastroenteritis, generalmente
causada por virus, bacterias o parásitos asociados al consumo de agua o
alimentos contaminados o por higiene deficiente. Como consecuencia, pueden
presentarse vómitos o diarrea. El tratamiento se basa en hidratación con
soluciones orales, alimentación ligera y, en algunos casos, uso de
probióticos bajo recomendación médica.
- Enfermedades respiratorias: las más comunes son el resfrío y la gripe, causados por virus que
se propagan en ambientes cerrados o durante los cambios de estación. Los
síntomas incluyen congestión nasal, tos y fiebre; en casos severos,
dificultad para respirar o silbidos en el pecho. Al ser de origen viral,
no requieren antibióticos; el tratamiento se centra en controlar la
fiebre, mantener hidratación y favorecer el descanso.
- Alergias en la piel: frecuentes en niños con antecedentes familiares o exposición al
polvo, ácaros o ciertos alimentos. Los síntomas incluyen estornudos, picazón
o enrojecimiento de la piel en forma de bultitos o ronchas de color rojo o
rosa. El tratamiento, en algunos casos, puede incluir antihistamínicos
orales para controlar los síntomas, siempre bajo la indicación y
supervisión de un especialista.
- Infecciones de oído: suelen aparecer después de una infección respiratoria que afecta la
nariz y/o garganta, pues en los niños, el conducto hacia el oído es corto,
lo que facilita la aparición de otitis. Es común que se presente en niños que todavía
no saben hablar, por ello es importante identificar si se lleva las manos
a las orejas, llora a causa del dolor, o presenta fiebre y dificultad para
oír o comer. El tratamiento depende del tipo de infección y puede requerir
antibióticos bajo supervisión médica.
Frente al incremento de estas enfermedades en la infancia, el Dr. Álvaro
Altamirano enfatiza que la clave para proteger la salud de los menores está en
la detección oportuna y el cuidado integral durante todo el proceso de
recuperación.
“Un diagnóstico temprano y el acompañamiento médico adecuado pueden
marcar la diferencia en la recuperación del menor. Es fundamental seguir las
indicaciones médicas al pie de la letra, completar los tratamientos prescritos,
mantener una buena hidratación, favorecer el descanso y garantizar una
alimentación balanceada que fortalezca el sistema inmunológico. Además, es
importante realizar controles posteriores para confirmar la recuperación y
evitar recaídas”, finaliza el vocero.

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