martes, 13 de enero de 2026


Salud e
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 Casa.- La deshidratación puede generar efectos adversos en la salud de personas con enfermedades cardíacas, especialmente durante periodos de altas temperaturas o en pacientes que reciben tratamientos farmacológicos específicos. La disminución de líquidos en el organismo altera el equilibrio de electrolitos y el volumen sanguíneo, lo que incrementa la carga de trabajo del corazón y puede descompensar cuadros previamente controlados.


Según el Minsa, en el país se registran, en promedio, más de 100 infartos agudos de miocardio al día, una cifra que refuerza la importancia de prestarle atención a factores que pueden agravar el riesgo cardiovascular. “El corazón depende de un adecuado volumen de sangre para funcionar de manera eficiente. Cuando hay deshidratación, el esfuerzo cardíaco aumenta y se elevan los riesgos de arritmias, hipotensión o insuficiencia cardíaca”, explica el Dr. César Longaray Chaucardiólogo de la Clínica Stella Maris.



¿Cómo afecta la deshidratación al sistema cardiovascular?


En pacientes con hipertensión, insuficiencia cardíaca o antecedentes de enfermedad coronaria, la falta de líquidos puede generar descensos bruscos de la presión arterial, mareos, fatiga intensa y alteraciones del ritmo cardíaco. Además, algunos medicamentos de uso frecuente en cardiología, como los diuréticos, favorecen la pérdida de líquidos, lo que exige un control más riguroso de la hidratación.

Según el especialista, la deshidratación también aumenta el riesgo de eventos trombóticos en pacientes con factores de riesgo cardiovascular.



Señales de alerta y recomendaciones

Entre los signos que requieren atención médica se encuentran la sensación persistente de sed, disminución marcada de la orina, mareos, palpitaciones, debilidad general o confusión. Para reducir riesgos, los especialistas aconsejan:

  • Mantener una hidratación constante a lo largo del día, incluso sin sensación de sed.

  • Ajustar la ingesta de líquidos según indicación médica, especialmente en pacientes con restricción hídrica.

  • Evitar la exposición prolongada al calor y realizar actividad física en horarios adecuados.

  • No modificar ni suspender medicamentos sin supervisión profesional.


“La hidratación forma parte del tratamiento cardiovascular. Un control adecuado del consumo de líquidos contribuye a la estabilidad del paciente y previene descompensaciones evitables”, concluye el especialista.

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