jueves, 12 de febrero de 2026

 

La malnutrición escolar deja de ser solo un reto social para convertirse en un problema de eficiencia logística y pérdida de capital humano

 



Salud e
n
 Casa.- El retorno a las aulas en el Perú expone una de las vulnerabilidades más críticas para la competitividad del país a largo plazo: el riesgo de deterioro del capital cognitivo debido a la malnutrición. La deficiencia de nutrientes en la etapa escolar no solo compromete la salud inmediata, sino que crea barreras para la productividad nacional, generando adultos con menores capacidades de retención, funciones ejecutivas limitadas y una marcada dificultad para el procesamiento de información compleja.



Según la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar del INEI, la anemia infantil en menores de tres años escaló al 35.3%, mientras que la desnutrición crónica alcanzó al 12.1% de la población infantil. En términos de mercado, esto representa una pérdida de eficiencia en la inversión educativa, ya que el sistema escolar opera sobre una base biológica debilitada que impactará directamente en la calidad de la futura fuerza laboral.


Por ello, frente a un mercado que desperdicia anualmente cerca de 12.8 millones de toneladas de alimentos, el modelo de rescate de alimentos se consolida como una estrategia de economía circular indispensable. El rescate profesional de excedentes de la industria —productos que conservan su valor biológico, pero pierden vigencia comercial— permite fortalecer la red de soporte escolar, no solo a través de la entrega de alimentos, sino mediante un acompañamiento orientado a mejorar su aprovechamiento.



A ello se suma la transferencia de capacidades técnicas a los gestores de programas sociales, un componente clave para promover una adecuada manipulación y favorecer mejores prácticas de ingesta nutricional.



En este ecosistema de gestión, la intervención de actores técnicos como el Banco de Alimentos Perú resulta fundamental para garantizar que el puente entre la industria, la agroindustria y las poblaciones en situación de vulnerabilidad sea seguro, rastreable y sostenible. Al articular la logística de recuperación con programas de educación alimentaria, se contribuye a que el inicio de clases cuente con un respaldo nutricional que proteja el potencial intelectual de las futuras generaciones, garantizando que el sistema educativo opere sobre una base biológica sólida.

 


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