Por María Fernanda Carvajal, Directora de Asuntos
Regulatorios de GE HealthCare Latinoamérica
Salud en Casa.- De acuerdo con McKinsey Health Institute, las mujeres pasan 25% más tiempo que los hombres en “mala salud”, lo que afecta su productividad en el hogar, el mercado laboral y la comunidad, además de que reduce su potencial de ingresos; cerrar está brecha podría sumar más de 1 billón de dólares anuales a la economía global hacia 2024, pero sobre todo mejoraría la su calidad de vida.
En el marco del Día Internacional de la Mujer, que se conmemora el 8 de marzo, vale la pena reflexionar sobre el impacto de la desigualdad en la salud, la cual se traduce en decesos y en años de discapacidad. Por ejemplo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) reporta que en 2023 murieron alrededor de 260,000 mujeres por causas relacionadas con el embarazo y el parto, y que más del 90% de esos decesos ocurrieron en países de ingresos bajos y medios, donde el acceso oportuno y la continuidad del cuidado siguen siendo un reto.
Otros padecimientos diagnosticados con mayor frecuencia en las mujeres son diferentes tipos de cáncer, tales como el de mama (26.1%), pulmón (8.5%), colorrectal (7.9%) y útero (5.4%), según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Además, las mujeres somos más propensas a sufrir enfermedades cardiovasculares, por lo que 1 de cada 3 mujeres muere cada año por este tipo de enfermedad, indica la organización Go Red For Women.
Ante este panorama, debemos voltear a ver la tecnología
médica como una aliada, capaz de convertirse en un “acelerador” de equidad el
sector salud. Pensemos que las soluciones modernas de diagnóstico por imagen,
ultrasonido, tomografía, medicina nuclear y plataformas digitales permiten ver
antes, medir mejor y estandarizar la calidad: reducir variabilidad entre
operadores, disminuir repeticiones, optimizar flujos de trabajo y acercar
capacidades avanzadas a entornos con escasez de especialistas.
Si bien, la tecnología no sustituye el criterio clínico;
sí lo fortalece con información más confiable y oportuna, justo donde la brecha
se abre: en el primer contacto y el diagnóstico temprano. En
esa transición, la Inteligencia Artificial (IA) es una herramienta potente que
ayuda a que los médicos a brindar una atención más oportunidad y diagnósticos
más precisos.
En este contexto,
desde GE HealthCare hemos orientado nuestra estrategia a conectar IA, datos y
flujos clínicos para apoyar decisiones más precisas y hacer más eficiente el
trabajo asistencial, lo que nos ha permitido liderar el número de
autorizaciones de dispositivos médicos con IA listadas por la FDA, con 115 autorizaciones.
Más importante que el número es el resultado: estandarización de calidad
diagnóstica, optimización del tiempo clínico y herramientas que, bien
integradas, pueden acelerar la detección temprana en áreas donde las mujeres
suelen llegar tarde al diagnóstico.
Cerrar la brecha de
género en salud no se logrará con campañas aisladas sino cuando innovar
signifique diseñar con perspectiva de sexo y género, medir resultados por
subpoblaciones (no solo promedios), y asegurar acceso real: capacitación,
protocolos, conectividad, mantenimiento y gobernanza de datos. Si 2026 apunta a
ser un año de adopción acelerada de IA en salud, la pregunta ya no es si vamos
a usarla, sino para quién funcionará mejor. Y ahí, la tecnología médica—cuando
se implementa con equidad y evidencia— puede ser una de las palancas más
efectivas para que la atención a las mujeres deje de ser una excepción y se
convierta en estándar.
En este Día Internacional de la Mujer,
el llamado no es solo a reconocer avances, sino a acelerar decisiones. Hoy,
todos los actores del sector salud, público y privado, tenemos el compromiso de
cerrar la brecha de género en salud porque es una cuestión de justicia social,
de desarrollo económico y, sobre todo, de dignidad humana. Garantizar que las
mujeres tengan acceso oportuno a diagnósticos precisos, tratamientos adecuados
y tecnologías diseñadas considerando sus particularidades biológicas y sociales
es un derecho.
Apostamos por innovación con
perspectiva de género que nos permita construir sistemas de salud más
equitativos, resilientes y centrados en las personas, donde ninguna mujer vea
limitada su calidad de vida por una brecha que la tecnología, la evidencia y la
voluntad pueden eliminar.

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