Por: Flavia Zuleta, Gerente de
Soluciones para la Agricultura en BASF Peruana.
Salud en Casa.-Amanece en la sierra. El aire es frío, la tierra húmeda respira bajo los pies y el primer rayo de sol revela lo esencial: alguien ya está trabajando para que hoy, en nuestra mesa, no falte nada. Ese alguien tiene nombre, historia y manos marcadas por el esfuerzo. Es el campesino peruano.
Cada
24 de junio no solo recordamos su labor; sentimos, aunque sea por un instante,
la magnitud de lo que sostiene al país. Porque detrás de cada grano de arroz,
de cada choclo dorado, hay decisiones tomadas al amanecer, miradas al cielo
buscando respuestas y una resiliencia que no se aprende en libros.
En
el Perú, la agricultura no es solo una actividad económica: es el latido que
mantiene vivo al país. Representa el 26% de la Población Económicamente Activa
y genera empleo para 4.24 millones de peruanos. Pero más allá de las cifras,
son millones de historias las que se entrelazan con la tierra: familias que
siembran futuro mientras enfrentan lluvias inciertas, sequías más intensas y
plagas impredecibles.
Y
en el corazón de ese esfuerzo, hay un pilar silencioso pero poderoso: la mujer
rural. Ella administra, decide, cultiva y sostiene. No solo trabaja la tierra,
la entiende. A nivel global, representan cerca del 43% de la fuerza laboral
agrícola y producen entre el 60% y el 80% de los alimentos. Empoderarlas con
acceso a ciencia, tecnología y recursos no es solo justo; es estratégico. Es
apostar por un sistema alimentario más fuerte, más eficiente y humano.
Hoy,
el agricultor no solo siembra: también anticipa. Porque el campo ha cambiado.
El clima ya no sigue reglas predecibles, y las enfermedades pueden aparecer en
días, no en semanas. En este nuevo escenario, reaccionar ya no es suficiente.
Anticiparse es la diferencia entre perder una campaña o proteger el sustento de
todo un año.
El
arroz y el maíz, dos pilares de nuestra alimentación, reflejan este desafío. El
arroz, con más de 3.52 millones de toneladas producidas en el país, responde a
una demanda global que no deja de crecer. El maíz, sustento directo de más de
239 mil agricultores, enfrenta presiones constantes que amenazan su
rendimiento. Aquí es donde la tecnología deja de ser un costo y se convierte en
tranquilidad. En previsión. En seguridad.
Soluciones
como Mibelya® y Melyra® nacen precisamente de esta necesidad: proteger el
momento más vulnerable del cultivo, cuando todo está en juego. Porque cuando el
agricultor siente respaldo, toma mejores decisiones. Y cuando hay
predictibilidad, hay esperanza.
Pero
el futuro del campo no depende de una sola herramienta. Depende de sumar, de
integrar, de evolucionar. Por eso, incorporar soluciones basadas en la
naturaleza, como el control biológico mediante virus específicos, abre una
nueva puerta: producir más, cuidando mejor. Lograr ese equilibrio que hoy, más
que nunca, el planeta y las nuevas generaciones exigen.
En
este Día del Campesino, más que celebrar, toca reconocer de verdad. Mirar con
respeto a quienes, sin reflectores, sostienen nuestra seguridad alimentaria.
Porque cada cosecha no es solo producción: es dignidad, es esfuerzo acumulado,
es progreso que empieza en la tierra y llega hasta nuestras vidas.
El
mejor homenaje no está en las palabras, sino en las acciones. En acompañar con
innovación. En acercar soluciones. En construir, junto a ellos, un campo más
resiliente, más sostenible y más justo.
Porque
cuando cuidamos al campesino, cuidamos el futuro del Perú.

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