· En Perú, el 70% de los trabajadores sufre estrés crónico y uno
de cada seis padece burnout o desgaste laboral, un síndrome asociado al
agotamiento prolongado en el trabajo.
· El país registra la tasa más alta de trabajadores con esta
afección de salud mental: el 16% reporta burnout frecuente, por encima de
Colombia (13%) y de México y Chile (12%).
· José Chávez, psicólogo de Sanitas Consultorios Médicos, advierte
que este síndrome avanza de forma silenciosa y que reconocer sus señales
tempranas es importante para evitar consecuencias graves en la salud física,
emocional y laboral.
Salud en Casa. El desgaste laboral es un síndrome asociado al estrés crónico en el trabajo que afecta la salud física, emocional y el desempeño profesional. Muchos peruanos conviven a diario con estas señales sin reconocer que podrían estar atravesando este problema. En el Perú, el 78% de los trabajadores reporta indicios de agotamiento ocupacional y el 60% excede las horas pactadas para su jornada, una combinación que convierte al país en el de mayor incidencia de burnout frecuente en toda Latinoamérica, con una tasa de 16%, tres puntos porcentuales más que Colombia y cuatro por encima de México y Chile.
"Este síndrome no aparece de un día para otro, es el
resultado de meses, e incluso años, de estrés acumulado sin el manejo adecuado.
Lo preocupante es que muchas personas lo normalizan dentro de su rutina diaria
y no lo reconocen como una condición que requiere apoyo profesional",
señala José Chávez, psicólogo de Sanitas Consultorios Médicos.
El burnout no solo se limita al estado de ánimo, sino también
tiene efectos a nivel fisiológico. Su aparición activa determinadas regiones
cerebrales que disparan los niveles de cortisol y adrenalina, lo que
desencadena consecuencias directas en múltiples sistemas del organismo: mayor
riesgo de hipertensión arterial y enfermedades cardiovasculares, debilitamiento
del sistema inmunológico y alteraciones digestivas. A largo
plazo, ignorar o minimizar estos síntomas incrementa considerablemente la
probabilidad de desarrollar depresión o trastornos de ansiedad.
Frente a este escenario, el especialista comparte las señales
más frecuentes que las personas suelen pasar por alto, ya sea por atribuirlas
al cansancio cotidiano o por no reconocerlas como síntomas de alerta:
·
Cansancio persistente que no desaparece con el descanso y que hace que la persona
inicie el día con poca energía o sensación de agotamiento.
·
Dificultad para concentrarse o tomar decisiones que antes resultaban sencillas, como
priorizar tareas, responder correos o resolver problemas cotidianos en el
trabajo.
·
Irritabilidad o cambios de humor frecuentes que se mantienen en el tiempo y afectan
la manera de relacionarse con otras personas.
·
Sensación de distanciamiento o indiferencia frente a responsabilidades laborales que
antes generaban motivación.
·
Síntomas físicos recurrentes como dolores de cabeza, problemas digestivos,
contracturas en el cuello y la espalda o bruxismo (apretar o rechinar los
dientes), especialmente durante la noche.
·
Insomnio o sueño no reparador de manera constante, caracterizado por
dificultades para dormir o despertarse a mitad de la noche.
·
Cambios en el apetito, como comer en exceso alimentos altos en azúcar o carbohidratos
o, por el contrario, experimentar una disminución marcada del interés por la
comida.
Aunque
cualquier persona puede desarrollar este síndrome, existen grupos que enfrentan
un riesgo mayor. Los más afectados son los jóvenes: en el Perú, el 17% de la
Generación Z (de 13 a 28 años) y el 14% de los millennials (de 29 a 44
años) reportan burnout constanteii. Estas generaciones son
también las que señalan con frecuencia que la sobrecarga y el estrés laboral
afectan su bienestar y rendimiento. Además, las personas expuestas a
discriminación o exclusión en el trabajo, como aquellas con neurodivergencias e
integrantes de la comunidad LGBTQ+ii, suelen presentar mayores
niveles de desgaste ocupacional.
Entre los factores que contribuyen al desarrollo de este
síndrome destaca la creciente de la hiperconectividad: la dificultad para
desconectarse fuera del horario laboral, las jornadas extendidas y la
saturación digital han convertido la fatiga tecnológica en un factor de riesgo
transversal a todas las industrias.
Para proteger la salud mental y prevenir este problema, el psicólogo
recomienda incorporar las siguientes medidas en la rutina diaria:
·
Establecer límites digitales claros: definir horarios fijos de inicio y cierre
de la jornada laboral y evitar revisar correos o mensajes fuera de ese tiempo.
·
Organizar las tareas según los niveles de energía: dedicar los momentos de mayor
concentración a las actividades más complejas y dejar las labores rutinarias
para cuando la energía disminuya.
·
Priorizar el sueño: dormir entre siete y ocho horas por noche es fundamental para
que el cerebro y el cuerpo procesen y recuperen el estrés acumulado.
·
Mantener actividad física regular: incluso 30 minutos de movimiento al día
contribuyen a reducir los niveles de cortisol y mejorar el estado de ánimo.
·
Cultivar espacios de desconexión: el tiempo libre dedicado a actividades
placenteras no es un lujo, sino una necesidad fisiológica para la recuperación
emocional.
·
Buscar apoyo profesional a tiempo: si los síntomas persisten más de dos
semanas, consultar a un psicólogo o médico es lo que se debe priorizar.
"El burnout no es
un signo de debilidad ni de falta de compromiso, es la señal de que el cuerpo y
la mente han llegado a su límite. Reconocerlo a tiempo y buscar ayuda
profesional es el acto de responsabilidad más importante que una persona puede
tener consigo misma", concluye el especialista.
Para contribuir con el acceso a
salud de calidad y orientación preventiva, Sanitas Consultorios Médicos cuenta
con especialistas en distintas áreas médicas para el acompañamiento y cuidado
integral de sus pacientes. Más información en: www.sanitasperu.com

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