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En plena intervención, algunas decisiones pueden
modificar el tratamiento previsto. Especialistas explican cómo la experiencia
del cirujano, apoyada por la cirugía robótica, puede marcar la diferencia en
procedimientos de alta complejidad.
Salud en Casa .- Todo indicaba que una paciente con cáncer de riñón tendría que someterse a la extirpación total del órgano. La ubicación del tumor hacía pensar que esa era la única alternativa posible para controlar la enfermedad. Sin embargo, una vez iniciada la cirugía, el panorama cambió.
Gracias
a la visión tridimensional y a la precisión que brinda la cirugía robótica, el
equipo médico logró identificar una alternativa que no parecía viable en un
inicio: retirar únicamente el tumor, reconstruir el riñón y conservar su
funcionamiento, sin comprometer el objetivo principal del procedimiento:
eliminar el cáncer.
Historias
como esta muestran cómo, en determinadas cirugías oncológicas de alta
complejidad, las decisiones que se toman dentro del quirófano pueden cambiar
por completo el tratamiento previsto y el futuro del paciente.
"En el cáncer de riñón existen casos en los que inicialmente se
plantea retirar todo el órgano. Sin embargo, cuando contamos con una mejor
visualización y mayor precisión durante la cirugía, en algunos pacientes es
posible preservar el órgano y obtener igualmente la curación oncológica. Eso
representa un beneficio muy importante para su calidad de vida a corto y largo
plazo", explica el
Dr. Víctor Destéfano, especialista en Urología Oncológica de la Clínica Anglo
Americana.
El
especialista, quien cuenta con más de 20 años de experiencia en cirugía
oncológica y ha realizado más de 270 procedimientos de cirugía robótica en el
Perú, señala que el mayor impacto de esta tecnología se observa precisamente en
el tratamiento del cáncer, especialmente en patologías como el cáncer de
próstata y de riñón.
Otro
de los casos que recuerda corresponde a una paciente con un tumor renal
extremadamente grande, casi del mismo tamaño que el riñón y con un cuadro
clínico particularmente complejo. Pese a ello, fue posible retirar el tumor,
preservar el órgano y reconstruir la vía urinaria, evitando una cirugía más
agresiva y favoreciendo una recuperación funcional más rápida.
"El robot no enseña a operar. Es el cirujano quien realiza todo
el procedimiento. Lo que hace esta tecnología es potenciar nuestra capacidad
mediante una visión tridimensional ampliada y movimientos de altísima precisión
que reproducen y miniaturizan los movimientos de nuestras manos", precisa el especialista.
Según
explica el especialista, esa combinación entre experiencia médica y tecnología
resulta especialmente valiosa en intervenciones donde cada milímetro puede
marcar la diferencia entre preservar un órgano o tener que retirarlo
completamente.
Además
de ampliar las posibilidades quirúrgicas en casos complejos, la cirugía
robótica ofrece beneficios importantes para la recuperación del paciente. Al
tratarse de un procedimiento mínimamente invasivo, suele generar menos dolor,
menor sangrado, una menor necesidad de transfusiones, menos riesgo de
infecciones y una reincorporación más rápida a las actividades cotidianas,
laborales y deportivas.
En
procedimientos como la prostatectomía radical por cáncer de próstata,
considerada uno de los mayores avances de la cirugía robótica a nivel mundial,
estos beneficios también se traducen en una recuperación funcional más rápida
en comparación con otras técnicas quirúrgicas.
"Cada paciente es diferente. No existe una cirugía igual a otra.
La experiencia nos enseña que cada persona necesita una estrategia específica
según la etapa de su enfermedad, su anatomía y sus características
particulares. La tecnología nos brinda herramientas extraordinarias, pero
siempre es el criterio del cirujano el que determina cuál es la mejor decisión
para cada caso",
concluye el médico.

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