Salud en Casa.- En el marco del Día Mundial del Cerebro, que se conmemora cada 22 de julio, especialistas recuerdan la importancia de cuidar este órgano no solo desde la salud neurológica, sino también desde la nutrición. Aunque suele hablarse de la alimentación en relación con el peso, la energía o la prevención de enfermedades, pocas veces se recuerda que uno de los órganos más dependientes de lo que comemos es también el más complejo: el cerebro. Este órgano, considerado el centro de comando del cuerpo humano, permite pensar, aprender, recordar, movernos, emocionarnos y tomar decisiones. Si bien representa apenas cerca del 2% del peso corporal, puede consumir hasta el 20% de las calorías diarias, lo que evidencia su alta demanda energética y nutricional.
El Dr. Robinson Cruz, nutricionista clínico
oncológico, especialista en nutrición y presidente de la Asociación Peruana de
Nutrición Clínica Oncológica (ASPENCO), explica que el funcionamiento cerebral
no depende del tamaño del cerebro, sino de la calidad de los factores que lo
protegen y estimulan a lo largo de la vida. Entre ellos se encuentran la
herencia, el descanso, el manejo del estrés, la actividad física, la
estimulación intelectual y, de manera decisiva, la alimentación.
“El Día Mundial del Cerebro es una oportunidad
para recordar que este órgano también se nutre. No basta con pensar en la
comida como energía para caminar o trabajar; cada nutriente participa en
procesos que influyen en la atención, la memoria, el aprendizaje y el estado de
ánimo. Una mala alimentación no solo afecta el cuerpo: también puede limitar el
desarrollo y el rendimiento cerebral”, señala el Dr. Cruz.
De acuerdo con el especialista, la nutrición
cerebral empieza incluso antes del nacimiento. Nutrientes como el ácido fólico,
el hierro, el yodo, la colina, el DHA, las vitaminas del complejo B y la
vitamina D cumplen funciones esenciales en el desarrollo y mantenimiento del
sistema nervioso. Por ello, una deficiencia nutricional durante el embarazo o
la infancia puede tener efectos significativos en la capacidad de aprendizaje,
concentración y memoria. Un caso especialmente relevante es la anemia, que no
solo se manifiesta en cansancio o palidez, sino que también puede comprometer
procesos cognitivos claves.
La función cognitiva es una de las más sensibles
a las fallas nutricionales. La atención, la percepción, la memoria, el lenguaje
y el pensamiento requieren un suministro adecuado y estable de energía. En ese
sentido, el cerebro necesita glucosa, pero no en forma de picos bruscos de
azúcar. Por ello, alimentos como cereales integrales, menestras, frutas enteras
y productos naturales son mejores aliados que las bebidas azucaradas o los
ultraprocesados, que pueden generar fatiga mental, menor concentración y bajo
rendimiento.
Las proteínas de buena calidad también cumplen un
rol importante, pues aportan aminoácidos necesarios para la formación de
neurotransmisores, sustancias que permiten la comunicación entre neuronas.
Carnes, huevos, lácteos, frutos secos y menestras pueden contribuir al
aprendizaje, la memoria visual y la atención. A ello se suman las grasas
saludables, especialmente los ácidos grasos omega 3, como el DHA, presentes en
pescados de carne oscura como bonito, caballa, jurel y anchoveta, fundamentales
para la estructura cerebral y el cuidado de la memoria.
Las vitaminas y minerales tampoco son
secundarios. La vitamina B1 favorece el rendimiento general del cerebro; la B6
y la B12 participan en la producción de neurotransmisores; el ácido fólico es
indispensable durante el embarazo; la colina se vincula con la memoria en la
infancia; y la vitamina D viene siendo estudiada por su posible relación con el
deterioro cognitivo. Además, los antioxidantes presentes en frutas y verduras
ayudan a proteger las células cerebrales, mientras que una hidratación adecuada
favorece la atención y el rendimiento psicomotor.
Para el Dr. Cruz, cuidar la nutrición cerebral no
significa seguir dietas complejas, sino tomar mejores decisiones cotidianas. En
un país donde la anemia, la mala alimentación y el aumento del consumo de
productos ultra procesados siguen siendo desafíos de salud pública, hablar del
cerebro también es hablar de educación, productividad y futuro.
Nutrir bien el cerebro es una inversión
silenciosa, pero profunda. Cada plato puede favorecer o limitar nuestras
capacidades. Y en una sociedad que busca formar mejores estudiantes,
trabajadores y ciudadanos, cuidar lo que comemos es también cuidar lo que
podemos llegar a ser.
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