Entrevista al Dr. Carlos Luis Chacón .
Congreso Regional de Oftalmología
Salud en Casa.-
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¿Qué es el glaucoma?
El glaucoma es una enfermedad que puede presentarse por un aumento de la presión dentro del ojo. Esta presión es totalmente distinta a la presión arterial y se genera cuando el líquido que se produce dentro del ojo no logra salir de manera adecuada, en la velocidad y cantidad necesarias. Esto produce un desequilibrio y un aumento de la presión intraocular.
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¿Cómo puede una persona detectar que tiene glaucoma?
¿Cuáles son sus síntomas?
Desafortunadamente, el glaucoma es una enfermedad que generalmente
no presenta síntomas. Cuando a una persona le duele el estómago, acude al
médico; si le duele una muela, va al odontólogo; y si tiene alguna molestia
muscular o articular, busca atención especializada. En cambio, en el glaucoma
no suele existir una sensación de malestar que alerte al paciente.
Por eso se le conoce como “el ladrón silencioso de la visión”. Una
persona puede tener glaucoma durante mucho tiempo sin darse cuenta y la presión
intraocular elevada puede ir provocando daños progresivos que se manifiestan en
el mediano y largo plazo.
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¿Qué
tratamientos existen para el glaucoma?
Cuando se diagnostica a una persona con glaucoma existen
diferentes alternativas de tratamiento. Actualmente contamos con procedimientos
con láser que permiten reducir la presión intraocular y, en determinados
pacientes, retrasar el inicio del tratamiento con medicamentos hipotensores.
El principal objetivo del tratamiento del glaucoma es disminuir la
presión intraocular. Cuando el tratamiento con láser no es suficiente, podemos
iniciar el manejo con medicamentos. Afortunadamente, hoy contamos con
diferentes grupos de fármacos que nos permiten tratar la enfermedad de acuerdo
con las necesidades de cada paciente.
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¿Por
qué se le conoce al glaucoma como “el ladrón silencioso de la visión”?
Se le conoce de esta manera justamente
porque, en la mayoría de los casos, no presenta síntomas. Una persona puede
sentir que tiene una excelente visión e incluso alcanzar una agudeza visual del
100%, pero al mismo tiempo el glaucoma puede estar afectando progresivamente su
visión periférica.
La enfermedad suele producir una
disminución del campo visual desde la periferia hacia el centro. Este deterioro
puede avanzar sin que la persona sea consciente de ello, razón por la cual se
le denomina “el ladrón silencioso de la visión”.
Existe también el glaucoma agudo, que se presenta de manera súbita
y tiene características diferentes al glaucoma que habitualmente progresa
durante años.
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¿Cómo
se mide la presión del ojo?
La presión intraocular se mide en
milímetros de mercurio y existen diferentes instrumentos para realizar esta
medición.
Sin embargo, una de las preguntas más
importantes es quién debe evaluar la presión del ojo y realizar el seguimiento
del paciente. El médico oftalmólogo es quien lidera el cuidado integral de la
salud visual, evalúa los diferentes factores de riesgo y determina qué estudios
y controles son necesarios en cada caso.
El glaucoma es una enfermedad crónica y
compleja que puede avanzar durante años. Por ello, cuando una persona recibe el
diagnóstico, es posible que la enfermedad ya haya estado desarrollándose
durante algún tiempo antes de generar las alteraciones que permiten
identificarla.
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¿Quiénes
tienen mayor riesgo de padecer glaucoma?
Más que una sola enfermedad, el glaucoma
comprende un grupo de enfermedades que tienen características en común, entre
ellas la alteración de la presión intraocular.
Uno de los principales factores de riesgo es,
precisamente, tener una presión intraocular elevada. También existe un
importante componente hereditario, por lo que las personas con familiares
directos —como padres, abuelos o hermanos— que padecen glaucoma tienen un mayor
riesgo de desarrollar la enfermedad.
La miopía también constituye un factor de
riesgo. Asimismo, determinadas condiciones vasculares y enfermedades como la
hipertensión arterial o la diabetes pueden estar asociadas a un mayor riesgo.
Además, existen los llamados glaucomas
secundarios, que pueden ser provocados por otros factores. Un ejemplo es el
glaucoma asociado al uso prolongado o inadecuado de corticoides en gotas.
En casos de conjuntivitis alérgica,
irritaciones crónicas u otras molestias oculares, algunas personas utilizan
gotas antiinflamatorias sin supervisión médica. Sin embargo, determinados
corticoides de uso tópico pueden aumentar la presión intraocular sin que el
paciente lo note y favorecer el desarrollo de un glaucoma secundario. Por eso
es importante evitar la automedicación y consultar con un oftalmólogo.
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¿Por qué existe un porcentaje tan alto de personas que no
saben que padecen glaucoma?
Una de las principales razones es que muchas
personas desconocen sus factores de riesgo y, además, no acuden periódicamente
a una consulta oftalmológica.
Algunas personas buscan únicamente corregir
su visión, pero para detectar enfermedades como el glaucoma es necesario
realizar una evaluación integral de la salud ocular. El médico oftalmólogo es
quien puede determinar los estudios necesarios, incluida la medición de la
presión intraocular.
Si una persona no se realiza estos controles,
existe la posibilidad de que el glaucoma avance durante años sin ser detectado.
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¿Cuál es el riesgo de pérdida de visión en las personas
que padecen glaucoma?
Una proporción importante de las personas que
tienen glaucoma desconoce que padece la enfermedad. Dentro de este grupo,
algunos pacientes pueden desarrollar una afectación severa de la visión y, en
los casos más avanzados, llegar a perderla de manera irreversible.
Precisamente por eso son tan importantes la
detección temprana, los controles oftalmológicos periódicos y el tratamiento
adecuado para evitar la progresión de la enfermedad.
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¿Cuál sería el principal mensaje para la población
respecto al glaucoma?
Lo más importante es entender que el glaucoma
es una enfermedad crónica que actualmente no tiene cura, pero que sí puede
tratarse y controlarse.
El objetivo del tratamiento es mantener la
presión intraocular en niveles adecuados para evitar que una presión no
controlada deteriore progresivamente las fibras del nervio óptico y produzca
una pérdida significativa e irreversible de la visión.
Por ello, el diagnóstico temprano, los
controles periódicos y el cumplimiento del tratamiento son fundamentales para
preservar la visión y la calidad de vida de los pacientes.

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