Distancias, disponibilidad
limitada de servicios, horarios poco flexibles, temor al dolor, preocupación
por la radiación y miedo al diagnóstico pueden llevar a muchas mujeres a
postergar sus controles. El desafío es acercar la detección a las mujeres y explorar
nuevas tecnologías que contribuyan a reducir estas brechas.
Salud en Casa.- El cáncer de mama continúa siendo uno de los principales desafíos para la salud de las mujeres en el Perú. De acuerdo con estimaciones de GLOBOCAN, cada año se diagnostican 7,471 nuevos casos y se registran 2,083 muertes por esta enfermedad en el país. Esto equivale, aproximadamente, a 20 nuevos diagnósticos y seis fallecimientos cada día.
Frente
a estas cifras, la detección temprana resulta fundamental. Sin embargo,
recomendar un control no siempre significa que una mujer pueda acceder a él. La
distancia, la disponibilidad de servicios, los horarios y hasta el temor frente
al procedimiento o sus resultados pueden convertirse en razones para postergar
una evaluación.
El acceso sigue siendo un desafío
La
mamografía es una herramienta fundamental para la detección del cáncer de mama,
pero el acceso a este servicio todavía enfrenta desafíos en distintas zonas del
país.
Según
información oficial presentada por el Ministerio de Salud (MINSA), el país
cuenta con 65 mamógrafos a nivel nacional, distribuidos en 23 regiones. Si bien
en los últimos años se ha fortalecido la infraestructura disponible, persiste
el reto de acercar estos servicios de manera oportuna a todas las mujeres,
especialmente en lugares con menor acceso a servicios especializados.
Las
cifras recientes también permiten dimensionar este desafío. Durante una gran
campaña nacional realizada en marzo de 2026, el MINSA reportó 128,990 exámenes
clínicos de mama frente a 16,048 mamografías.
Esta
diferencia no debe interpretarse como una comparación directa entre
procedimientos que cumplen funciones distintas, pero sí evidencia la capacidad
de las evaluaciones que pueden realizarse de manera más descentralizada para
alcanzar a un mayor número de mujeres y la importancia de asegurar que aquellas
que lo requieran puedan continuar oportunamente hacia los estudios de imágenes
correspondientes.
“La
detección temprana no debería depender del lugar donde vive una mujer. Cuando
existen barreras geográficas, de disponibilidad o de oportunidad para acceder a
una evaluación, podemos perder un tiempo muy valioso”, señala el Dr. Julio
Aguilar Franco, especialista en Ginecología y Obstetricia.
A las
distancias se suman otras dificultades cotidianas como lo cuenta Luz López,
paciente de 63 años: “En varias ocasiones quise hacerme una mamografía, pero
conseguir una cita no fue tan sencillo. Los horarios disponibles no siempre
coincidían con mis tiempos y, en algunos casos, tenía que desplazarme varias
horas hasta otro hospital para encontrar el servicio”.
Hay barreras que no se ven
No
todas las dificultades son geográficas o están relacionadas con la
disponibilidad de servicios. El temor al dolor, la preocupación por la
exposición a radiación, experiencias negativas transmitidas por familiares o
amigas y, especialmente, el miedo a recibir un resultado desfavorable también
puede llevar a postergar los controles.
Estas
barreras plantean una pregunta importante: ¿cómo lograr que la detección se
acerque a las mujeres, en lugar de depender únicamente de que ellas puedan
llegar a los servicios especializados?
La tecnología también debe acercarse
a las mujeres
Las
tecnologías portátiles, accesibles y de fácil implementación pueden abrir
nuevas posibilidades para ampliar la cobertura de las estrategias de detección,
particularmente cuando permiten realizar evaluaciones en establecimientos de
salud, centros de trabajo, campañas y comunidades con dificultades de acceso a
servicios especializados.
El
objetivo no es reemplazar las herramientas actualmente recomendadas, sino
complementar las rutas existentes y facilitar que más mujeres puedan ingresar
oportunamente al proceso de evaluación y, cuando corresponda, ser derivadas a
estudios de imágenes y diagnóstico.
El
desafío es avanzar hacia un modelo en el que la distancia, los horarios, el
temor o el lugar donde vive una mujer no determinen sus posibilidades de
acceder a una evaluación oportuna.
Porque
frente al cáncer de mama, no siempre podemos esperar que las mujeres lleguen a
la detección; también debemos encontrar nuevas formas de hacer que la detección
llegue a ellas.


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