· ALAFARPE
plantea sostener las estrategias de diagnóstico, prevención con vacunación y
tratamientos para el cáncer.
Salud en Casa.- En el Perú, los cánceres ginecológicos ocasionan más de 3,600 muertes al año y se diagnostican cerca de 7,800 nuevos casos, según las estimaciones de la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) para 2024. Estas cifras corresponden a cinco tipos de cáncer: cuello uterino, cuerpo uterino o endometrio, ovario, vulva y vagina. De estos cinco tipos, solo el cáncer de cuello uterino cuenta con una vacuna que previene la infección que lo origina y con pruebas capaces de detectar lesiones o el riesgo antes de que aparezca la enfermedad. En los otros cuatro, la detección depende principalmente de que la mujer identifique oportunamente los síntomas y de que el sistema de salud responda a tiempo.
Prevenir y detectar el cáncer de cuello uterino.
Concentra
4,814 casos nuevos y alrededor de 2,400 muertes al año, y prácticamente todos
se originan en una infección persistente por el virus del papiloma humano. La
vacuna está disponible de forma gratuita para niñas y niños de 9 a 18 años,
pero la cobertura alcanzada en 2026 llega al 54.7%, con 476,566 adolescentes
aún sin vacunar, según el Repositorio Único Nacional de Información en Salud
(REUNIS) del Ministerio de Salud al 11 de setiembre. La brecha entre regiones
llega a ser de hasta cuatro veces: mientras Junín y Madre de Dios ya superaron
su meta anual de vacunación, Tacna se mantiene en 26.7% y Puno en 39.5%. Lima
Metropolitana y Callao, que concentran un tercio de la población objetivo del
país, están en 39.4%.
En
detección, la prueba molecular identifica el virus antes de que exista una
lesión y el Papanicolaou mantiene su papel al reconocer alteraciones celulares.
Asimismo, existe la autotoma, en la que la paciente recoge su muestra con
orientación del personal de salud, la cual es una alternativa que permite
llegar a comunidades donde la barrera no es la voluntad de la mujer, sino la
distancia, el costo del traslado y la falta de personal. Ampliarla exige
capacidad de laboratorio, entrega efectiva de resultados y seguimiento de los
hallazgos.
Los cánceres que ninguna prueba de rutina detecta.
El
cáncer de endometrio registra 1,279 casos nuevos y 339 muertes al año. No
existe una prueba de tamizaje recomendada para mujeres sin síntomas y el
Papanicolaou no lo detecta, según el National Cancer Institute de los Estados
Unidos. Su signo más frecuente es el sangrado vaginal irregular, que suele
aparecer de manera temprana: un sangrado después de la menopausia nunca es
normal y siempre amerita evaluación médica.
El
cáncer de ovario, con 1,355 casos nuevos y 762 muertes al año, es el que
presenta la relación más desfavorable entre casos y muertes de los cinco.
Tampoco cuenta con una prueba de tamizaje poblacional y suele avanzar en
silencio: cuando aparecen los síntomas como dolor, hinchazón o presión en el
abdomen y la pelvis, sensación de saciedad temprana o molestias urinarias, la
enfermedad ya está avanzada con frecuencia, y esos signos se confunden con
malestares digestivos comunes.
“Una mujer con cáncer de endometrio no tiene un examen de rutina que
se lo advierta: tiene una señal, y la señal es el sangrado”, señala Ángela Flores, directora ejecutiva
de la Asociación Nacional de Laboratorios Farmacéuticos (ALAFARPE).
Que la innovación llegue a tiempo
Ocho
de cada diez casos de cáncer de cuello uterino llegan al Instituto Nacional de
Enfermedades Neoplásicas en etapas avanzadas (INEN, 2025). Para esas pacientes,
lo que define el pronóstico es el acceso. El estándar internacional de
tratamiento incorporó la inmunoterapia y las terapias dirigidas según las
características del tumor, por lo que ALAFARPE plantea que el acceso a la
innovación contemple también los estudios de biomarcadores que orientan esa
decisión.
“La
innovación terapéutica solo cambia el pronóstico si llega a tiempo. Un
tratamiento de última generación no compensa demoras en el diagnóstico y acceso”,
concluye Flores.

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