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Ante un atragantamiento, una convulsión, una quemadura o un
paro cardiorrespiratorio, actuar rápido puede marcar la diferencia, pero
algunas prácticas populares también pueden agravar la condición de una persona.
Salud en Casa.- Una emergencia puede ocurrir en casa, en el trabajo o en plena vía pública y obligar a cualquier persona, incluso sin formación médica, a reaccionar mientras llega ayuda especializada. Solo entre enero y mediados de mayo de 2026, el Servicio de Atención Móvil de Urgencia (SAMU) recibió más de 77 mil llamadas y realizó 17,065 atenciones con ambulancia en el Perú.
En situaciones graves, además, cada minuto cuenta. Ante un
paro cardíaco, por ejemplo, por cada minuto que se retrasa el inicio de la
reanimación cardiopulmonar (RCP), las probabilidades de supervivencia pueden
disminuir aproximadamente un 10%, según la American Heart Association.
En el marco del Día Mundial de los Primeros Auxilios, el Dr.
Alfredo Vásquez, jefe de Urgencias de la Clínica Anglo Americana explica que
algunas emergencias evolucionan rápidamente y que reconocer las señales de
alarma, solicitar ayuda y realizar acciones sencillas y seguras puede reducir
el riesgo de complicaciones.
“En una emergencia, reconocer, pedir ayuda y actuar
correctamente desde el primer momento puede salvar una vida. Mientras llega la
atención médica especializada, medidas como iniciar una reanimación
cardiopulmonar cuando está indicada o controlar una hemorragia con presión
directa pueden marcar una gran diferencia”, señala el especialista.
Existen, además, señales que requieren solicitar asistencia
médica inmediata: pérdida súbita del conocimiento, dificultad importante para
respirar, dolor intenso u opresivo en el pecho, convulsiones o una reacción
alérgica con dificultad respiratoria o hinchazón de la cara y lengua. La
aparición repentina de debilidad o adormecimiento de un lado del cuerpo,
desviación de la boca o dificultad para hablar también puede advertir de un
accidente cerebrovascular.
¿Qué hacer y qué evitar ante una
emergencia?
Aunque cada situación requiere una respuesta diferente, estas
son algunas de las más frecuentes en las que una persona podría necesitar
brindar primeros auxilios:
● Atragantamiento: si la persona todavía puede
hablar, respirar y toser con fuerza, se debe animarla a seguir tosiendo. Si ya
no puede hacerlo, se debe pedir ayuda e iniciar las maniobras de
desobstrucción. ¿Qué evitar? Introducir los dedos a ciegas en la boca,
pues el objeto podría desplazarse aún más.
● Convulsión: se debe proteger a la
persona de golpes y despejar el espacio a su alrededor. ¿Qué evitar?
Introducir cucharas, objetos o los dedos en su boca. Esta práctica no impide
que “se trague la lengua” y puede ocasionar lesiones.
● Quemadura: se recomienda retirar a la
persona de la fuente de calor y enfriar la zona con agua corriente fresca
durante aproximadamente 20 minutos. ¿Qué evitar? Aplicar hielo, pasta
dental, aceites, mantequilla o cremas, así como romper las ampollas.
● Pérdida de conciencia o paro
cardiorrespiratorio: si la persona no responde y no respira normalmente, se debe
solicitar asistencia médica e iniciar RCP. ¿Qué evitar? Perder tiempo
esperando que reaccione o intentar trasladarla por cuenta propia.
● Caídas o accidentes: ante la sospecha de una
lesión importante, lo recomendable es evitar movilizar innecesariamente a la
persona hasta que llegue ayuda especializada, especialmente ante una posible
lesión de columna.
Primeros auxilios: la práctica
también importa.
Conocer las recomendaciones de manera teórica no
necesariamente prepara a una persona para reaccionar bajo el estrés de una
emergencia. Practicar previamente las maniobras permite familiarizarse con
ellas y realizarlas con mayor seguridad cuando realmente se necesitan.
La Clínica Anglo Americana cuenta con un Centro de
Entrenamiento Internacional acreditado por la American Heart Association (AHA)
desde 2011, que brinda formación en emergencias médicas para profesionales de
la salud y público general. Entre sus programas se encuentra Salvacorazones,
enfocado en primeros auxilios, RCP y uso del DEA, además de la respuesta ante
situaciones como atragantamientos, hemorragias y quemaduras.
“Los primeros auxilios se aprenden con conocimiento,
pero se fortalecen con la práctica. No necesitamos ser profesionales de la
salud para ayudar, pero sí podemos estar preparados para reconocer una
emergencia, pedir ayuda oportunamente y realizar acciones sencillas y seguras
hasta que llegue la atención especializada”, concluye el Dr. Vásquez.

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