Por: Leslie Pierce, presidente del Directorio del Banco de Alimentos Perú
Salud en Casa.- En un Perú donde el 30.5% de la población padece inseguridad alimentaria y se desperdician 12.8 millones de toneladas de comida al año, resulta difícil aceptar que ambas realidades convivan. El desafío no es únicamente la falta de alimentos, sino también las brechas que persisten en su aprovechamiento y distribución.
Frente a esta realidad, necesitamos ir más allá
del asistencialismo y buscar mecanismos que permitan movilizar recursos de
manera sostenida y a mayor escala. En ese esfuerzo, los eventos culturales
masivos pueden cumplir un papel que va mucho más allá del entretenimiento.
La cultura tiene una capacidad particular para
convocar personas alrededor de una causa común. Un concierto, por ejemplo,
puede reunir en pocas horas a miles de personas y convertir esa convocatoria en
una oportunidad concreta para apoyar a quienes hoy enfrentan dificultades para
acceder a una alimentación adecuada.
Iniciativas que articulan al sector privado, la
industria musical y la sociedad civil muestran el potencial de este modelo. Tal
fue el caso de IRIS por la Alimentación, que planteó movilizar 100,000 kilos de
alimentos a través de un evento benéfico masivo, que reunió a más de 5 000
personas, y que parte precisamente de esa lógica: utilizar la capacidad de
convocatoria de la música para sumar alimentos y recursos destinados a
poblaciones vulnerables.
El reto no
termina en reunir donaciones. Una parte importante del problema está también en
lo que ocurre con los productos que, siendo aptos para el consumo, se pierden
en el camino. Aprovechar estas tribunas permite visibilizar el problema en una
escala mayor y promover una cultura de consumo responsable que complemente la
ayuda inmediata.
Desde el
Banco de Alimentos Perú conocemos de cerca esa realidad. Recuperar alimentos y
hacerlos llegar a comedores populares, ollas comunes y otras comunidades
requiere coordinación, logística y alianzas permanentes. Los eventos masivos
pueden ampliar esa red de colaboración y acercar esta problemática a públicos
que quizá no tienen contacto cotidiano con ella.
Para que
estos esfuerzos tengan continuidad, resulta fundamental consolidar alianzas
entre empresas, organizaciones sociales y actores de la industria cultural.
Asimismo, es imprescindible establecer métricas claras que permitan monitorear
el volumen de alimentos movilizados, el número de familias beneficiadas y la
capacidad real de cada iniciativa para mantenerse en el tiempo.
La inseguridad alimentaria no se resolverá desde
un solo sector. Pero sí podemos encontrar nuevas formas de sumar capacidades.
Cuando una actividad cultural consigue movilizar alimentos, recursos y atención
hacia una necesidad concreta, deja de ser únicamente un espacio de
entretenimiento y se convierte también en una herramienta de acción social.
.jpg)
0 comentarios:
Publicar un comentario