● Mientras el MIDAGRI reporta una superficie productiva nacional de 11.2 millones de hectáreas, el acelerado desgaste de los ecosistemas terrestres exige adoptar prácticas urgentes para proteger la salud del suelo y la biodiversidad.
● Como respuesta, el sector
apuesta por la innovación tecnológica, logrando optimizar recursos y reducir
hasta en un 30% las emisiones de gases de efecto invernadero en diversos
cultivos.
Salud en Casa – En el marco del Día Mundial de la Tierra, la urgencia de asegurar la producción de alimentos sin agotar el medio ambiente cobra mayor relevancia. De acuerdo con el reciente Mapa Nacional de Superficie Agrícola del Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (MIDAGRI), el Perú dispone de 11.2 millones de hectáreas destinadas al cultivo. Sin embargo, la presión climática y las prácticas extractivas revelan un escenario crítico a una escala aún mayor: el monitoreo del Ministerio del Ambiente (MINAM) advierte que la superficie de ecosistemas degradados en todo el territorio nacional ya supera las 19.2 millones de hectáreas.
Revertir este escenario exige abandonar los modelos
convencionales y migrar hacia una agricultura donde la ecología y la innovación
trabajen de la mano. En este sentido, la protección de la biodiversidad asume
un rol protagónico, especialmente en el cuidado de los polinizadores,
responsables de la reproducción de más del 70% de las plantas alimenticias del
mundo, de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la
Alimentación y la Agricultura (FAO).
Para proteger a estas especies fundamentales, cuya labor es clave para la
producción de alimentos, ya que alrededor del 75 % de los cultivos alimentarios
del mundo dependen en alguna medida de la polinización, según la FAO, programas de conservación como “Alas para el Campo” han desplegado
alrededor de 144 acciones en zonas agrícolas y urbanas, abarcando más de 1,800
hectáreas en seis países de la región (Perú, Colombia, Ecuador, Costa Rica,
Guatemala y México). En nuestro país, este esfuerzo se refleja en un jardín
urbano implementado en Jesús María, fruto de la colaboración entre BASF Peruana
y ANIQUEM. El espacio funciona como refugio de flora nativa y bebedero para la
fauna local y migrante, además de ser un entorno educativo que sensibiliza a la
comunidad sobre su relevancia ecológica.
Por otro lado, la adopción de herramientas digitales y
biotecnológicas en el campo ya muestra resultados concretos frente al desgaste
de la tierra. A nivel global, el reciente informe de sostenibilidad de BASF evidencia
que el uso de plataformas para evitar el desperdicio de insumos logró optimizar
la producción en más de 17 millones de hectáreas durante 2025. A la par, la
integración de buenas prácticas en la siembra ha permitido reducir hasta en un
30% las emisiones de gases de efecto invernadero generadas en la producción de
cultivos clave como la canola, alcanzando también reducciones del 29% en las
cosechas de arroz, 27% en las de trigo y 26% en maíz.
Es en esta integración entre la preservación del entorno y
la eficiencia técnica donde radica el verdadero cambio. "La sostenibilidad
en el campo significa producir más utilizando menos recursos. Esto no es solo
un compromiso ético con nuestro planeta, sino una estrategia indispensable
frente al estrés hídrico y el desgaste del suelo. Desde nuestro lado, tenemos
claro que el objetivo al 2035 ya no es solo maximizar cosechas, sino impulsar
modelos como la agricultura de carbono y construir un ecosistema productivo que
conecte la innovación con el bienestar de la sociedad", señala Flavia
Zuleta, Gerente de Soluciones para la Agricultura en BASF Peruana.

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