● En Perú, el sector
agropecuario proyecta un crecimiento del 4.2% al cierre del año, pero mantener
esta rentabilidad exige proteger los cultivos de los impactos climáticos y
biológicos.
● Para evitar pérdidas
económicas, la industria agrícola acelera la adopción de tecnologías de
extracción en frío y la adquisición de portafolios de control biológico.
Salud en Casa .- En el marco del Día Internacional de la Sanidad Vegetal, la protección de los cultivos se posiciona no solo como un tema de seguridad alimentaria, sino como un factor crítico para la economía mundial y local. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), las plantas proporcionan más del 80% de los alimentos que ingerimos, pero este motor productivo enfrenta amenazas constantes.
La FAO revela también que,
anualmente, hasta el 40% de la producción mundial de cultivos se pierde debido
al impacto de plagas y enfermedades. Estas pérdidas reducen la disponibilidad
de alimentos y generan un impacto económico a nivel global que supera los
220,000 millones de dólares cada año.
En el contexto local, el sector
agropecuario peruano demostró su resiliencia al registrar una proyección de
crecimiento del 4.2% al cierre de 2025, según datos del Ministerio de
Desarrollo Agrario y Riego (MIDAGRI). Para sostener este dinamismo durante el
2026 y proteger los ingresos de los agricultores frente a la inestabilidad
climática, la adopción de tecnologías que garanticen la sanidad en el campo se
ha vuelto una prioridad estratégica.
Innovación corporativa y control
biológico
Frente a las exigencias de
exportación, la agricultura local utiliza hoy bioestimulantes como Kelpak® de
BASF. Este extracto del alga Ecklonia maxima genera un efecto regulador
(tipo auxínico) que fortalece las raíces secundarias, mejorando la cuaja o
retención del fruto y la uniformidad de su calidad. Al robustecer la planta
desde su base, esta tecnología facilita su respuesta ante estreses ambientales
o abióticos, asegurando una productividad sostenible en cultivos clave como la
uva de mesa.
En paralelo, el control de plagas
también se está transformando. Hoy, la tendencia apunta a usar controladores
biológicos, como virus naturales que atacan exclusivamente a las orugas y otros
insectos destructivos sin dañar el ecosistema. Para responder a esta necesidad
por una agricultura más sostenible, la industria avanza con movimientos
estratégicos. Un ejemplo es la reciente adquisición global de la empresa
AgBiTech por parte de BASF, una compra que busca masificar estas herramientas
orgánicas y brindar al agricultor defensas más rentables y seguras.
"La sanidad vegetal es la
garantía de que el trabajo y la inversión de miles de agricultores peruanos
llegue con éxito a las mesas del mundo. Ante un clima cada vez más variable, la
clave para proteger la rentabilidad del campo está en integrar soluciones que
potencien la resiliencia natural de la planta", afirma Flavia Zuleta,
Gerente de Soluciones para la Agricultura en BASF Peruana. "Nuestro
compromiso es facilitar el acceso a innovaciones que permitan producir más y
mejor, asegurando que cada hectárea cultivada contribuya al crecimiento
económico y a la seguridad alimentaria del país", adiciona.
El fortalecimiento de la protección
de los cultivos es, en última instancia, un motor de desarrollo. De acuerdo con
la Convención Internacional de Protección Fitosanitaria (IPPC), la sanidad
vegetal ayuda a reducir la pobreza y fomenta el desarrollo económico,
especialmente en países como el Perú, donde la agricultura es una de las
principales fuentes de empleo e ingresos.

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