Por Guillermo Lem, Regional Manager de GE HealthCare Perú, Colombia & Puerto Rico.
Salud en Casa.-De acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud (OPS), las enfermedades cardiovasculares (ECV) son la principal causa de muerte en el mundo y más del 75 % de estos fallecimientos ocurren en países de ingresos medios y bajos. En el caso de la región de las Américas, 2.0 millones de personas perdieron la vida a causa de las enfermedades cardiovasculares en 2019 y en Perú, la cifra alcanzó las 5,640 defunciones por infarto agudo de miocardio en 2023, según datos de la Superintendencia Nacional de Salud (SUSALUD).
Estas enfermedades afectan al corazón o los vasos sanguíneos (venas y arterias) y pueden ser causadas por diversos factores, tales como: hipertensión arterial, dieta poco saludable, colesterol alto, diabetes, contaminación atmosférica, obesidad, tabaquismo, enfermedades renales, inactividad física, consumo nocivo de alcohol y estrés. Además, los antecedentes familiares, el origen étnico, el sexo y la edad también pueden afectar al riesgo de enfermedad cardiovascular de una persona, según datos de la Federación Mundial del Corazón.
En cuanto a los tipos de EVC, existen varios trastornos que afectan al corazón y los vasos sanguíneos. Entre los más comunes están la cardiopatía coronaria, que se da por el estrechamiento de las arterias del corazón; el infarto de miocardio, causado por una interrupción del flujo sanguíneo al corazón; y el ictus, que ocurre cuando se corta el suministro de sangre al cerebro. Estas condiciones pueden poner en riesgo la vida si no se tratan a tiempo.
Otros tipos incluyen arritmias (latidos irregulares), insuficiencia cardíaca (el corazón no bombea bien), valvulopatías (problemas en las válvulas del corazón), enfermedades de la aorta, cardiopatías congénitas (desde el nacimiento), trombosis y embolias, enfermedades vasculares periféricas y cerebrales. Todas ellas afectan distintas partes del sistema cardiovascular y pueden variar en gravedad y tratamiento.
Si bien algunas de estas enfermedades pueden requerir tratamientos médicos prolongados como cirugía abierta o manejo especializado, una gran parte de las EVC gracias a la tecnología médica de hoy pueden ser atendidas por medio de la cardiología intervencionista mínimamente invasiva, que representa una alternativa segura y eficiente para los pacientes, al mismo tiempo que está redefiniendo la manera en que entendemos la atención médica de alta complejidad.
La Fundación Corachan señala que esta especialidad médica, centrada en el diagnóstico y tratamiento de enfermedades cardiovasculares, utiliza técnicas mínimamente invasivas en las que los profesionales de la salud, a través de las arterias y venas, pueden tratar diversas afecciones cardíacas sin necesidad de cirugía a corazón abierto.
Algunas de las afecciones que se pueden atender a través de la cardiología intervencionista mínimamente invasiva son: la cardiopatía coronaria y el infarto de miocardio mediante angioplastias y catéteres para abrir arterias bloqueadas o restablecer el flujo sanguíneo. También, esta especialidad se emplea en trombosis y embolias para extraer coágulos.
Ahora bien, estos procedimientos se hacen generalmente en un laboratorio de cateterismo cardíaco, también conocido como sala de hemodinamia, que cuenta con tecnología médica que ofrece una visualización excelente del corazón y de sus cavidades. Además, estos equipos, integran sistemas diseñados para proporcionar imágenes con la claridad necesaria y por si fuera poco, recientemente se han incorporado sistemas avanzados de imagenología con Inteligencia Artificial (IA) para apoyar al personal médico en el diagnóstico y tratamiento en tiempo real de enfermedades cardiovasculares y otras afecciones.
Por ello, hoy contar con esta clase de equipo en los hospitales, públicos y privados, representa la oportunidad de tratar padecimientos cardiacos realmente complejos. Además, su impacto no es menor en términos de sostenibilidad del sistema de salud. Las terapias mínimamente invasivas respaldadas por tecnología de punta han mostrado reducir los costos hospitalarios al acortar los tiempos de estancia y evitar complicaciones asociadas a las cirugías abiertas.
Esta revolución en la cardiología intervencionista nos recuerda que el verdadero potencial de la innovación está en su capacidad de humanizar la medicina. Porque, al final, cada avance que reduce el dolor, la incertidumbre o el tiempo de recuperación de un paciente, es un triunfo de la tecnología puesta al servicio de la vida.
En conclusión, en un contexto donde las enfermedades cardiovasculares continúan siendo una de las principales amenazas para la salud pública, la cardiología intervencionista mínimamente invasiva representa no solo un avance clínico, sino también una respuesta ética y eficiente ante la urgencia de salvar más vidas con menos riesgos.
Incorporar y fortalecer estas tecnologías en todos los niveles del sistema de salud debe ser una prioridad, especialmente en países como Perú, donde el acceso oportuno y equitativo a procedimientos innovadores puede marcar la diferencia entre una vida recuperada y una pérdida evitable. Apostar por la tecnología médica de última generación no es solo una decisión técnica, es una apuesta por el futuro de la atención cardiovascular.
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