Especialistas del Instituto Oncológico FALP, advierten que la exposición acumulada es el principal factor asociado al cáncer de piel.
Salud en Casa .- En diciembre de 2025, al inicio del verano, la capital experimentó una intensa exposición a la radiación ultravioleta (UV). Los datos de Senamhi, analizados por el INEI, indican que el índice UV promedio alcanzó el nivel de "muy alto" (8). Además, se registró un pico de 10 en un solo día, lo que representa un aumento del 25% respecto al máximo de diciembre de 2023, acentuando un escenario de creciente y alto riesgo para la salud.
La radiación ultravioleta no solo provoca malestar inmediato, sino que sus efectos en la piel se acumulan con el tiempo. El Dr. Jonathan Stevens, dermato-oncólogo de la Fundación Arturo López Pérez (FALP), subraya la conexión directa entre la radiación solar y el cáncer de piel, indicando que aproximadamente el 90% de los casos, están vinculados a la exposición sin la protección adecuada contra los rayos UV.
"El daño provocado por la radiación no siempre es visible de forma inmediata, dado que induce alteraciones en el ADN de las células cutáneas. Con el paso del tiempo, estas modificaciones pueden derivar en lesiones malignas. Este perjuicio acumulado se evidencia a través de manifestaciones como heridas que persisten, protuberancias o lesiones que no consiguen sanar", explica el especialista de FALP.
El cáncer de piel es uno de los diagnósticos oncológicos más comunes a nivel mundial, con una incidencia que se mantiene al alza en la región, según las estimaciones más recientes del Observatorio Global del Cáncer (Globocan). Si bien el melanoma constituye una fracción menor de estos casos, es el más peligroso debido a su potencial de metástasis si no se detecta y trata precozmente.
Dada esta alta incidencia de radiación, la prevención de la exposición a los rayos UV es esencial y va más allá del uso de protector solar. Se debe utilizar elementos de fotoprotección como sombreros y evitar la exposición directa entre las 11 a.m. y las 4 p.m. La autoexploración de la piel es crucial para la detección de lesiones sospechosas. Y la aplicación de fotoprotectores debe ser los 365 días del año, factor 50, repitiendo la aplicación al menos tres veces al día.
El riesgo de la radiación UV va más allá de la búsqueda de bronceado, incluyendo actividades diarias como caminar, hacer ejercicio o desplazarse al aire libre sin la debida protección. Dado que esta temporada se caracteriza por índices de radiación muy elevados, es crucial combinar consistentemente el uso de medidas de protección física con la autoobservación regular. Esta combinación de acciones es vital para minimizar los riesgos a largo plazo.
“La detección temprana facilita tratamientos más eficaces y menos agresivos. La clave no es caer en la alarma por cualquier mancha, sino estar atentos a la evolución o persistencia de cambios cutáneos, sin considerarlos normales.”, enfatiza el Dr. Stevens.

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