Por Guillermo Lem, Regional Manager GE
HealthCare Perú, Colombia & Puerto Rico.
Salud en Casa.- El cambio climático ya no es una amenaza futura, sino una realidad que impacta de forma directa sobre la salud de las personas. Olas de calor cada vez más intensas, eventos climáticos extremos y el deterioro de la calidad del aire están incrementando la incidencia de enfermedades respiratorias, cardiovasculares y transmitidas por vectores. En este contexto, la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que el cambio climático es una de las mayores amenazas sanitarias del siglo XXI.
Ante
este panorama, el sistema de salud, consciente de su huella ambiental, puede
liderar el cambio climático positivo. Health Care Without Harm, a nivel global,
el sector sanitario es responsable de aproximadamente el 4,4% de las emisiones
de gases de efecto invernadero, una huella comparable a la del quinto mayor
emisor del planeta. Esta cifra obliga a repensar cómo se produce, se gestiona y
se consume la atención médica en todo el mundo.
En
América Latina y el Caribe, el desafío adquiere una dimensión particular. Según
organismos regionales, los sistemas de salud de la región representan alrededor
del 6% de la huella de carbono del sector sanitario global, en un contexto
marcado por infraestructuras desiguales, alta vulnerabilidad climática y una
demanda creciente de servicios de salud.
La
presión sobre los sistemas de salud seguirá en aumento. El envejecimiento
poblacional, el crecimiento urbano y la expansión de enfermedades crónicas
implican más diagnósticos y tratamientos, así como un mayor consumo energético.
Frente a este escenario, la pregunta ya no es si el sector sanitario debe
reducir su huella de carbono, sino cómo hacerlo sin comprometer la calidad, la
precisión ni el acceso a la atención.
Reducir
emisiones en el sector salud no implica resignar innovación. Por el contrario,
la eficiencia energética, la digitalización de procesos y el rediseño de los
flujos clínicos se están consolidando como herramientas clave para ofrecer una
atención más sostenible. La evidencia muestra que gran parte de la huella de
carbono del sector proviene no solo del consumo directo de energía, sino
también de la fabricación de equipos, la logística, la cadena de suministro y
el ciclo de vida completo de las tecnologías médicas.
En
este contexto, las empresas del sector tienen un rol determinante. Más allá de
las políticas públicas y los compromisos institucionales, la manera en que se
diseñan, producen y operan las tecnologías de salud define gran parte del
impacto ambiental del sistema.
GE
HealthCare ha asumido este desafío como parte central de su estrategia global.
De acuerdo con su Sustainability Report 2024, la compañía logró reducir
un 23% sus emisiones operativas (Scope 1 y Scope 2) respecto de su línea base
de 2022, como resultado de mejoras en eficiencia energética, optimización de
procesos y una mayor adopción de energías renovables. Estos avances se enmarcan
en un compromiso de largo plazo para alcanzar emisiones netas cero hacia 2050,
alineado con los criterios de la iniciativa Science Based Targets.
La
reducción de emisiones no se limita a las operaciones internas. Un aspecto
clave es el enfoque en el ciclo de vida de los equipos médicos. La
modernización tecnológica, que permite actualizar sistemas existentes en lugar
de reemplazarlos por completo, ha demostrado reducir de manera significativa la
huella de carbono asociada a la fabricación, el transporte y la instalación de
nuevos equipos. En algunos casos, estas estrategias permiten evitar hasta 100
toneladas de emisiones de CO₂ por instalación, sin afectar la calidad
diagnóstica ni la seguridad clínica.
Además,
la incorporación de principios de economía circular —como la reutilización de
componentes, el reacondicionamiento y el reciclaje de materiales— se ha
convertido en una palanca concreta para disminuir residuos y emisiones en un
sector históricamente intensivo en recursos. Estas prácticas no solo reducen el
impacto ambiental, sino que también contribuyen a hacer más accesible la
tecnología médica en distintos mercados de la región.
Para
América Latina, avanzar hacia sistemas de salud de bajas emisiones no es solo
una cuestión ambiental; es una oportunidad para mejorar la eficiencia
operativa, reducir costos energéticos, fortalecer la resiliencia frente a
eventos climáticos y ampliar el acceso a tecnologías médicas de calidad. La
región cuenta con el potencial para adoptar modelos más sostenibles desde
ahora, evitando reproducir esquemas de alta intensidad de carbono que hoy
resultan difíciles de revertir en otros mercados.
La
descarbonización del sector sanitario exige una mirada colaborativa: gobiernos,
prestadores de salud, empresas, organismos multilaterales y comunidades deben
trabajar de manera coordinada. La acción climática en salud no es un objetivo
aislado, sino un componente esencial de la salud pública del futuro.
En
definitiva, no pueden existir sistemas de salud verdaderamente eficientes,
equitativos y resilientes si no incorporan la sostenibilidad como un eje
estratégico. Reducir la huella de carbono del cuidado de la salud es, al mismo
tiempo, una forma de proteger a las personas hoy y de garantizar mejores
condiciones de vida para las generaciones que vienen.

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