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De acuerdo con el informe
internacional TFOS DEWS II, la mayoría de los casos de ojo seco están
relacionados con alteraciones en los párpados, particularmente con disfunción
de las glándulas de Meibomio.
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Especialistas de Laboratorios Lansier
destacan que las alteraciones del borde palpebral pueden contribuir al
desarrollo de pequeñas microlesiones en la córnea de población adulta.
Salud en Casa .– Es frecuente atribuir el enrojecimiento ocular o la sensación de “arenilla” al uso prolongado de pantallas o a factores ambientales. Sin embargo, estos síntomas suelen estar asociados a una condición muy común: la blefaritis, una inflamación crónica del borde de los párpados que representa una de las principales causas de consulta oftalmológica.
Su importancia
radica en que puede afectar directamente la calidad de la visión. Según el
reporte TFOS DEWS II, la forma más común de ojo seco se debe a una evaporación
excesiva de la lágrima, generalmente asociada a un mal funcionamiento de las
glándulas de los párpados. Cuando estas
glándulas no trabajan adecuadamente, la lágrima pierde su capa protectora de
grasa y se evapora más rápido, dejando la superficie del ojo más expuesta a
irritación y lesiones en la córnea. Si
no se corrige a tiempo, este proceso puede afectar de forma sostenida la
calidad de la visión y dificultar actividades cotidianas como leer, usar
pantallas o conducir.
Para la Dra.
Marleni Mendoza, médica oftalmóloga, y asesora científica de Laboratorios
Lansier, la prevención es clave y debe ser adecuada a cada caso: “El párpado
actúa como una barrera protectora del ojo. Cuando se acumulan secreciones o se
altera su funcionamiento, la superficie ocular puede verse afectada. En estos
casos, el lavado facial habitual no siempre es suficiente; en algunos pacientes
se requieren medidas específicas para mejorar la función de las glándulas y
prevenir complicaciones que pueden afectar la calidad de la visión”, explica la
especialista.
Para mantener una
adecuada salud ocular, la especialista señala que existen medidas que pueden
indicarse según cada caso:
1. Higiene palpebral
dirigida
En pacientes con
blefaritis o alteración de las glándulas, pueden recomendarse productos
específicos (espumas o geles) para limpiar suavemente el borde de los párpados.
El jabón común no siempre es adecuado para esta zona delicada.
2. Termoterapia (calor local controlado): El uso de
compresas tibias puede ayudar a mejorar la fluidez de las secreciones de las
glándulas de los párpados, favoreciendo su funcionamiento en casos
seleccionados.
3. Cuidado de la película lagrimal: Las
lágrimas artificiales, especialmente aquellas con componente lipídico o sin
preservantes, pueden contribuir a estabilizar la lágrima y proteger la
superficie del ojo, aliviando síntomas como ardor o sequedad.
4. Uso adecuado de medicamentos: Es
importante evitar la automedicación con gotas para el “ojo rojo” de manera
prolongada, ya que algunas pueden contener fármacos que, sin supervisión
médica, pueden generar efectos no deseados, como aumento de la presión ocular o
empeoramiento del cuadro. El tratamiento debe ser indicado por el oftalmólogo y
orientado a la causa del problema, no sólo al alivio temporal de los síntomas.
5. Diagnóstico Especializado: El examen
especializado permite determinar la causa del problema y definir el tratamiento
más adecuado, previniendo complicaciones.
La especialista en
salud visual destaca que el cuidado de los párpados es una parte fundamental de
la salud ocular. Mantener en buen estado esta primera línea de protección del
ojo no solo ayuda a prevenir molestias, sino que también contribuye a preservar
una visión clara y estable, permitiendo realizar las actividades diarias con
mayor comodidad.
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