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El Estudio Nacional del Fenómeno "El Niño" (ENFEN) proyecta
que el evento climático mantenga una magnitud fuerte, sin descartar que alcance
niveles extraordinarios a finales de 2026.
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Ante el riesgo inminente de estrés térmico y plagas, la innovación
agronómica preventiva resulta fundamental para proteger el rendimiento de la
campaña y la inversión del productor.
Salud en Casa.- Cuando una ola de calor se instala en los campos, el impacto va mucho más allá de un aumento en la temperatura. Detrás de cada grado adicional existe una cosecha que podría perder rendimiento, una fruta que podría no alcanzar la calidad esperada para la exportación y miles de agricultores que observan con preocupación cómo el clima redefine las reglas de producción.
Ese escenario es precisamente el que enfrenta hoy el agro peruano. La
agricultura nacional se prepara para convivir con un periodo prolongado de El
Niño Costero, un fenómeno que pondrá a prueba la capacidad de adaptación y
resiliencia de uno de los sectores más importantes para el desarrollo económico
y la seguridad alimentaria del país.
De acuerdo con la Comisión Multisectorial encargada del Estudio Nacional
del Fenómeno "El Niño" (ENFEN), el estado de alerta por El Niño
Costero se mantiene vigente, proyectándose que el evento se extenderá hasta
abril de 2027 en la costa peruana.
Los pronósticos oficiales indican que el fenómeno tendría mayor
probabilidad de mantenerse en una magnitud fuerte durante los próximos meses.
No obstante, los escenarios climáticos también contemplan la posibilidad de una
intensificación hacia finales de 2026. Como consecuencia, entre julio y
septiembre se prevé que las temperaturas del aire permanezcan
significativamente por encima de sus niveles habituales, una situación que
obliga al sector agrícola a actuar con anticipación para minimizar riesgos y proteger
la productividad de los cultivos.
El desafío no es menor. Según el Banco Mundial, el sector agrario
peruano registró un importante avance en 2025, alcanzando un valor bruto de
producción agropecuaria (VBP) de PEN 44,8 millones y generando
agroexportaciones récord por USD 15.013 millones. Sin embargo, la entidad
internacional advierte que el campo mantiene una alta vulnerabilidad climática
que amenaza el rendimiento de cultivos estratégicos como la papa, el maíz, el
mango y el arándano.
En el terreno, los efectos ya son conocidos por los productores. Las
altas temperaturas y los picos de humedad aceleran los ciclos fisiológicos de
las plantas, comprometen procesos clave como la floración y crean condiciones
ideales para la proliferación de hongos y patógenos. El resultado puede
traducirse en menores rendimientos, pérdidas de calidad y una reducción directa
en la rentabilidad de cada campaña.
"El cambio en los patrones climáticos nos exige transformar la
manera en que gestionamos el campo. Si esperamos a que aparezca una enfermedad
para reaccionar, el riesgo de perder la inversión de la campaña es muy alto.
Hoy, asegurar la rentabilidad del agricultor implica anticiparse mediante un
manejo estrictamente preventivo, conectando la innovación tecnológica con las
necesidades reales del cultivo para fortalecerlo frente al estrés
térmico", indica Flavia Zuleta, Gerente de Soluciones para la Agricultura
en BASF Peruana.
Manejo preventivo e innovación técnica en el campo.
Frente a un contexto climático cada vez más desafiante, la prevención se
consolida como una de las herramientas más valiosas para proteger la
productividad agrícola. Anticiparse a los efectos del estrés térmico y la
presión de enfermedades puede marcar la diferencia entre una campaña exitosa y
una inversión comprometida.
Con
el fin de mitigar estos impactos y proteger la sanidad de las cosechas, el
enfoque técnico debe centrarse en la gestión integral de los sistemas de
cultivo. En esta línea, el manejo preventivo inicia fortaleciendo la base de la
planta. Para esta fase crítica, empresas como BASF incorporan herramientas como
Kelpak®, un bioestimulante natural de Ecklonia maxima con efecto tipo auxínico,
que potencia el desarrollo de raíces secundarias, mejora la cuaja y promueve
mayor uniformidad de calibre y calidad. Además, ayuda a las plantas a enfrentar
mejor distintos estreses abióticos, impulsando la productividad sostenible.
Asimismo, ante la presencia de alta humedad que detona enfermedades
severas como la podredumbre gris en frutales o patógenos complejos en
tubérculos y cereales, este ecosistema de soluciones incorpora herramientas de
protección sanitaria de última generación. Así, destacan fungicidas de amplio
espectro como Elmus®, Bellis®, Cantus® y Cevya®, que ofrecen un control con
acción dual (preventiva y curativa) para bloquear el avance de los hongos sin
generar resistencia en campo.
En un escenario donde cada decisión agronómica cuenta, el acceso a
información oportuna, monitoreo constante y tecnología de precisión será
determinante para enfrentar la extensión de El Niño Costero. La competitividad
futura del agro peruano dependerá, en gran medida, de la capacidad del sector
para integrar innovación, eficiencia y sostenibilidad, protegiendo no solo la
inversión de los productores, sino también el abastecimiento de alimentos y el
liderazgo exportador que el país ha construido durante los últimos años.

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