- Especialista de la Escuela de Postgrado de la UTP destaca que fortalecer la gestión de riesgos, estandarizar procesos y promover una cultura orientada a la seguridad son claves para mejorar la atención de los pacientes.
Salud en Casa .– Hasta el 80% de los eventos adversos que ocurren durante la atención médica podrían prevenirse mediante una adecuada gestión de riesgos, protocolos estandarizados y una cultura organizacional orientada a la seguridad, de acuerdo con estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
En el marco del Día Mundial de la Seguridad del Paciente, Paula Ponce de León, directora de la Maestría en Gestión de Salud de la Escuela de Postgrado de la Universidad Tecnológica del Perú (UTP), destaca que avanzar hacia una atención más segura requiere una mirada integral, que considere no solo la práctica clínica, sino también la forma en que las instituciones diseñan sus procesos, gestionan sus recursos y previenen riesgos.
En ese sentido, la evidencia internacional señala que entre el 70% y el 80% de los eventos adversos tienen su origen en aspectos vinculados al funcionamiento del sistema, como procesos mal diseñados, sobrecarga laboral o deficiencias de comunicación. Este enfoque permite trasladar la atención desde la búsqueda de responsabilidades individuales hacia la identificación de oportunidades para fortalecer la gestión institucional.
Por ello, la alta dirección cumple un papel fundamental. Decisiones como contar con una adecuada dotación de personal, invertir en tecnología de soporte clínico e incorporar indicadores de seguridad en los tableros de gestión ejecutiva pueden contribuir directamente a mejorar los resultados de los pacientes.
Asimismo, promover una cultura institucional que permita reportar y analizar los incidentes ayuda a identificar oportunidades de mejora y corregir procesos. Entre las prácticas que pueden priorizarse se encuentran el monitoreo de la adherencia a la higiene de manos, el uso sistemático del checklist quirúrgico de la OMS, la doble verificación de la identidad del paciente, la conciliación de medicamentos en cada transición de cuidado y la implementación de sistemas voluntarios y confidenciales de reporte.
Estas medidas cobran especial importancia frente a riesgos frecuentes durante la atención. Las infecciones asociadas a los servicios de salud, por ejemplo, afectan a 1 de cada 100 pacientes hospitalizados en países desarrollados y hasta 1 de cada 10 en países en desarrollo. A ello se suman los errores de medicación, cuyo costo global se estima en USD 42,000 millones anuales, además de las complicaciones quirúrgicas evitables y los errores diagnósticos.
Para fortalecer la seguridad del paciente desde la gestión, Ponce de León identifica tres acciones prioritarias: establecer sistemas de reporte no punitivos con retroalimentación visible; incorporar indicadores de seguridad del paciente en la agenda de la alta dirección; y estandarizar, mediante checklists y auditorías, los procesos de mayor riesgo, como la medicación, la cirugía y las transferencias de cuidado entre servicios.
“La seguridad del paciente no es un tema de buena voluntad individual, sino de diseño institucional. Las organizaciones que logran resultados sostenibles son aquellas que convierten la seguridad en una prioridad de gestión, con métricas, liderazgo visible y procesos verificables”, concluye Ponce de León.
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